Escuela del Ministerio Teocrático 05 DE SEPTIEMBRE


Lectura de la Biblia:
 Salmos 119 | Puntos sobresalientes (10 min.)
Núm. 1: Salmo 119:49-72
Núm. 2: ¿Por qué las Escrituras animan a temer a Jehová? (Deu. 5:29)
Núm. 3: El Reino de Dios resucitará a los muertos (rs pág. 305 párrs. 4-7)

 

Puntos sobresalientes (10 min.)
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3 La verdadera felicidad estriba en andar en la ley de Dios. Si así lo hacemos, Jehová nos considerará “exentos de falta” (Salmo 119:1). Esto no significa que seamos perfectos, pero sí que nos esforzamos al máximo por hacer Su voluntad. Así lo demuestra el ejemplo de Noé, quien resultó “exento de falta entre sus contemporáneos” porque anduvo “con el Dios verdadero”. Aquel fiel patriarca y su familia sobrevivieron al Diluvio por ser obedientes a Jehová (Génesis 6:9; 1 Pedro 3:20).

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4 Jehová nunca nos abandonará si lo elogiamos con “rectitud de corazón” y continuamos guardando sus “disposiciones reglamentarias” (Salmo 119:7-8) Te elogiaré en rectitud de corazón, cuando aprenda tus decisiones judiciales justas.   8 Tus disposiciones reglamentarias continúo guardando. Oh, no me dejes enteramente.El caudillo israelita Josué contó siempre con el apoyo divino, pues obedeció la siguiente exhortación: “Día y noche tienes que leer en [el libro de la ley] en voz baja, a fin de que cuides de hacer conforme a todo lo que está escrito en él”. Esa buena costumbre le permitió actuar sabiamente y tener éxito (Josué 1:8). Al final de sus días, Josué seguía alabando a Dios, por lo que pudo decir a los israelitas: “Ustedes bien saben con todo su corazón y con toda su alma que ni una sola palabra de todas las buenas palabras que Jehová su Dios les ha hablado ha fallado” (Josué 23:14). Al igual que Josué y el autor del Salmo 119, seremos felices y tendremos éxito en la vida si alabamos a Jehová y confiamos en su palabra.

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La palabra de Jehová nos mantiene puros

5 Para conservar la pureza espiritual debemos mantenernos alerta conforme a la palabra de Dios (Salmo 119:9-16). Y podemos lograrlo aun cuando nuestros progenitores no nos hayan dado el mejor ejemplo. Ese fue el caso de Ezequías, quien ‘limpió su senda’ de las influencias paganas, a pesar de que su padre era un idólatra. ¿Y si un joven siervo de Dios comete algún pecado grave? Entonces debe arrepentirse, orar y pedir ayuda a sus padres y a los ancianos cristianos. De este modo obrará igual que Ezequías: se mantendrá “alerta” y “limpiará […] su senda” (Santiago 5:13-15).

6 Rahab y Rut vivieron mucho antes de que se compusiera el Salmo 119, pero ambas limpiaron su senda. La primera era una prostituta cananea; sin embargo, abrazó la adoración de Jehová y se la llegó a conocer por su fe (Hebreos 11:30, 31). Rut, la moabita, dejó atrás a sus dioses, sirvió a Jehová y acató la Ley de Israel (Rut 1:14-17; 4:9-13). Estas dos mujeres extranjeras se mantuvieron alerta conforme a la palabra de Dios y recibieron el maravilloso privilegio de ser antecesoras de Jesucristo (Mateo 1:1, 4-6).

7 “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud.” A pesar de ello y de que este mundo corrupto se encuentra bajo el control de Satanás, los jóvenes pueden llevar una vida limpia (Génesis 8:21; 1 Juan 5:19). Exiliados en Babilonia, Daniel y los tres hebreos se mantuvieron alerta conforme a la palabra de Dios. Por ejemplo, no quisieron “contaminarse con los manjares exquisitos del rey” (Daniel 1:6-10). Los babilonios comían animales inmundos, prohibidos por la Ley mosaica (Levítico 11:1-31; 20:24-26). Además, no solían desangrar los animales, por lo que comer su carne constituía una violación de la ley de Dios sobre la sangre (Génesis 9:3, 4). Con razón, los cuatro hebreos no probaron los manjares del rey. Aquellos jóvenes devotos mantuvieron su pureza espiritual y dieron un buen ejemplo.

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Jóvenes que aman la verdad

“¿CÓMO limpiará un joven su senda?” Un salmista hebreo se planteó este interrogante hace miles de años (Salmo 119:9). Sin embargo, su pregunta sigue vigente hoy día, pues los jóvenes de todo el mundo afrontan numerosas dificultades. Por ejemplo, la promiscuidad sexual ha resultado en que muchos contraigan sida. De hecho, alrededor de la mitad de las personas infectadas con esta terrible enfermedad tienen entre 15 y 24 años. Asimismo, el consumo de drogas ha causado multitud de problemas y ha acabado prematuramente con la vida de algunos jóvenes. La música degradante, las películas, programas de televisión y videocintas de contenido inmoral y violento, así como la pornografía accesible en Internet, ejercen una influencia devastadora en la juventud. Por esa razón, muchos padres e hijos se formulan preocupados la pregunta del salmista.

El autor del salmo antes citado respondió así a su interrogante: “Manteniéndose alerta conforme a tu palabra”. No cabe duda de que la Palabra de Dios, la Biblia, contiene excelente guía para los jóvenes. Muchos de ellos obedecen dicha guía y, por consiguiente, llevan una vida feliz (Salmo 119:105).

 

Núm. 1: Salmo 119:49-72

(Salmo 119:49-72) Acuérdate de la palabra a tu siervo, la cual me has hecho esperar.  50 Esta es mi consuelo en mi aflicción, porque tu propio dicho me ha conservado vivo.  51 Los presuntuosos mismos me han escarnecido hasta el extremo. De tu ley no me he desviado.  52 Me he acordado de tus decisiones judiciales desde tiempo indefinido, oh Jehová, y hallo consuelo para mí mismo.  53 Un calor furioso mismo se ha apoderado de mí a causa de los inicuos, que están dejando tu ley.  54 Melodías han llegado a ser para mí tus disposiciones reglamentarias en la casa de mis residencias como forastero.  55 En la noche me he acordado de tu nombre, oh Jehová, para guardar tu ley.  56 Aun esto ha llegado a ser mío, porque tus órdenes he observado.  57 Jehová es la parte que me corresponde; he prometido guardar tus palabras.  58 He ablandado tu rostro con todo [mi] corazón. Muéstrame favor conforme a tu dicho.  59 He considerado mis caminos, para volver mis pies a tus recordatorios.  60 Me apresuré, y no me dilaté en guardar tus mandamientos.  61 Las mismas sogas de los inicuos me cercaron. Tu ley no olvidé.  62 A medianoche me levanto para darte gracias por tus justas decisiones judiciales.  63 Soy socio de todos los que de veras te temen, y de los que guardan tus órdenes.  64 Tu bondad amorosa, oh Jehová, ha llenado la tierra. Enséñame tus propias disposiciones reglamentarias.   65 Realmente has tratado bien con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra.  66 Enséñame bondad, la sensatez y el conocimiento mismos, porque en tus mandamientos he ejercido fe.  67 Antes de estar bajo aflicción estuve pecando por equivocación, pero ahora he guardado tu mismísimo dicho.  68 Tú eres bueno y estás haciendo el bien. Enséñame tus disposiciones reglamentarias.  69 Los presuntuosos me han embadurnado de falsedad. En cuanto a mí, con todo [mi] corazón observaré tus órdenes.  70 El corazón de ellos se ha hecho insensible tal como grasa. Yo, por mi parte, he estado encariñado con tu propia ley.  71 Bueno es para mí el que se me haya afligido, a fin de que aprenda tus disposiciones reglamentarias.  72 La ley de tu boca es buena para mí, en mayor grado que miles de piezas de oro y plata.


Núm. 2:
 ¿Por qué las Escrituras animan a temer a Jehová? (Deuteronomio 5:29)¡Si tan solo desarrollaran este corazón suyo para temerme y guardar todos mis mandamientos siempre, a fin de que les vaya bien a ellos y a sus hijos hasta tiempo indefinido!

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Desarrollemos el corazón para temer a Jehová

 “―¡Si tan solo desarrollaran este corazón suyo para temerme y guardar todos mis mandamientos siempre […]!” (Deut. 5:29.) EL HOMBRE lleva siglos dominado por el miedo. A millones de seres les inquieta la posibilidad de caer víctimas del hambre, la enfermedad, el delito o la guerra. Por esta razón, el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos expresa la aspiración de que todos gocemos de libertad del temor. Felizmente, Dios nos garantiza que dicho anhelo se hará realidad, aunque no gracias a las gestiones humanas. Jehová nos promete, por boca del profeta Miqueas, que en su nuevo mundo reinará la justicia y ‗nadie hará temblar a su pueblo‘ (Miqueas 4:4). 2 Por otro lado, hay temores constructivos. Así, las Escrituras instan vez tras vez a los siervos de Dios a que le teman. Por ejemplo, Moisés dijo a los israelitas: ―A Jehová tu Dios debes temer, y a él debes servir‖ (Deuteronomio 6:13). Siglos después, Salomón escribió: ―Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre‖ (Eclesiastés 12:13). Y en la predicación, que supervisan los ángeles, nosotros también hacemos esta exhortación a todo el mundo: ―Teman a Dios y denle gloria‖ (Revelación [Apocalipsis] 14:6, 7). Pero, además de temer a Jehová, los cristianos tienen que amarlo con todo su corazón (Mateo 22:37, 38). Pues bien, ¿cómo es posible tenerle cariño y temor al mismo tiempo? ¿Por qué hay que temerle si es un Dios de amor? ¿Qué beneficios obtenemos al cultivar tal actitud? Para contestar debidamente estas preguntas, hemos de comprender primero qué implica este sentimiento y cómo constituye una parte fundamental de nuestra relación con Jehová.

Admiración, reverencia y temor 3 Los cristianos deben manifestar temor de Dios, es decir, gran admiración y profunda reverencia al Creador, y sano miedo a desagradarle. Por consiguiente, esta virtud incide en dos aspectos clave de nuestra vida: la actitud ante nuestro Hacedor y la actitud ante la conducta que él odia. Es obvio que ambos factores son fundamentales y merecen un análisis detallado. Como indica el Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo, de Vine, este respeto reverencial constituye un ―motivo controlador de la vida [del cristiano], en asuntos espirituales y morales‖. 4 ¿Cómo podemos cultivar admiración y reverencia al Creador? Nos maravilla ver un hermoso paisaje, una impresionante cascada o una espectacular puesta de sol. Es un sentimiento que crece al percibir, con los ojos de la fe, que tras dichas obras se halla la mano del Todopoderoso. Además, al igual que el rey David, nos percatamos de nuestra propia insignificancia ante la imponente creación de Jehová. ―Cuando veo tus cielos, las obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente […]?‖ (Salmo 8:3, 4.) La profunda admiración nos llena de reverencia, lo cual nos mueve a darle gracias y alabarlo por todo lo que hace a favor de nosotros. David también escribió: ―Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma‖ (Salmo 139:14). 5 La admiración y reverencia generan un miedo sano y respetuoso ante el poder de Dios como Creador y su autoridad como legítimo Soberano del universo. En una visión del apóstol Juan, ―los que salen victoriosos de la bestia salvaje y de su imagen‖ —los seguidores ungidos de Cristo en su posición celestial— proclaman: ―Grandes y maravillosas son tus obras, Jehová Dios, el Todopoderoso. Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de la eternidad. ¿Quién no te temerá verdaderamente, Jehová, y glorificará tu nombre […]?‖ (Revelación 15:2-4). El temor de Dios, que nace de una profunda reverencia ante su majestad, impulsa a quienes reinan con Cristo en el cielo a honrar a Jehová, la autoridad suprema. Cuando reflexionamos en todos sus logros y en la justicia con que él rige el universo, ¿no tenemos sobradas razones para temerle? (Salmo 2:11; Jeremías 10:7.)

6 Además de admiración y reverencia, el temor piadoso incluye un sano miedo a desagradar a Jehová o desobedecerle. ¿Por qué? Pues bien, aunque él es ―tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa‖, no olvidemos  que ―de ninguna manera dará exención de castigo‖ (Éxodo 34:6, 7). Es amoroso y misericordioso, pero no tolera la injusticia ni el pecado intencional (Salmo 5:4, 5; Habacuc 1:13). No dejará impunes a quienes se oponen a él y practican de forma deliberada e impenitente lo que es malo a Sus ojos. Como dijo el apóstol Pablo, ―es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo‖. En definitiva, el sano miedo a hallarnos en esta situación constituye una protección para nosotros (Hebreos 10:31).

“A él deben adherirse” 7 El temor reverencial de Dios y la clara conciencia de su imponente poder preceden a la confianza en Él. Tal como un niño se encuentra protegido cerca de su padre, nosotros nos sentimos amparados y seguros, pues nos guía la mano divina. Observemos cómo reaccionaron los israelitas cuando él los sacó de Egipto: ―Israel también alcanzó a ver la gran mano que Jehová puso en acción contra los egipcios; y el pueblo empezó a temer a Jehová y a poner fe en Jehová‖ (Éxodo 14:31). Así mismo, la experiencia de Eliseo da fe de que ―el ángel de Jehová está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra‖ (Salmo 34:7; 2 Reyes 6:15-17). La historia moderna de Su pueblo, y probablemente la nuestra propia, confirman que él ciertamente ejerce su poder a favor de quienes le sirven (2 Crónicas 16:9). De este modo constatamos que ―en el temor de Jehová hay fuerte confianza‖ (Proverbios 14:26). 8 Este sano temor no solo genera confianza en Dios, sino que también nos impulsa a andar en sus sendas. Cuando Salomón inauguró el templo, oró a Jehová: ―Que te teman [los israelitas], andando en tus caminos todos los días en que estén vivos sobre la superficie del suelo que diste a nuestros antepasados‖ (2 Crónicas 6:31). Años antes, Moisés les había dirigido esta exhortación: ―Tras Jehová su Dios deben andar, y a él deben temer, y sus mandamientos deben guardar, y a su voz deben prestar atención, y a él deben servir, y a él deben adherirse‖ (Deuteronomio 13:4). Como evidencian estos versículos, de la confianza en Jehová nace el deseo de andar en sus sendas y ―adherirse‖ a él. En efecto, el temor piadoso nos induce a obedecerle, servirle y adherirnos a él, tal como un niño se aferra literalmente a su padre, con total confianza (Salmo 63:8; Isaías 41:13).

Amar a Dios es temerle 9 Según las Escrituras, temer a Dios no excluye en absoluto amarlo. Por el contrario, a los israelitas se les pidió que ‗temieran a Jehová, para que anduviesen en todos sus caminos, y lo amasen‘ (Deuteronomio 10:12). Por consiguiente, el temor piadoso y el amor de Dios son afines. El temor nos incita a andar en Sus caminos, lo que a su vez demuestra nuestro amor por él (1 Juan 5:3). Es lógico, dado que cuando queremos a alguien, nos da miedo lastimarlo. Los israelitas hirieron a Jehová al comportarse con rebeldía en el desierto. No hay duda de que nosotros no deseamos hacer nada que entristezca tanto a nuestro Padre celestial (Salmo 78:40, 41). Por otro lado, como ―Jehová está complaciéndose en los que le temen‖, regocijamos su corazón si somos fieles y obedientes (Salmo 147:11; Proverbios 27:11). El amor nos mueve a agradarle, y el temor nos disuade de herirlo. Son dos cualidades complementarias, que no se contradicen. 10 La vida de Cristo ejemplifica que es posible amar a Dios y temerle al mismo tiempo. El profeta Isaías escribió estas palabras tocante al Mesías: ―Reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y su deleite estará en el temor de Jehová‖ (Isaías 11:2, 3, Reina-Valera, 1977). De acuerdo con esta predicción, el espíritu santo impulsó a Jesús a temer a su Padre celestial. Además, observamos que, en vez de ser restrictivo, dicho sentimiento era una fuente de satisfacción. El Hijo se deleitaba en hacer la voluntad de su Padre y complacerle aun en las circunstancias más difíciles. Cuando afrontaba su inminente ejecución en el madero de tormento, le dijo: ―No como yo quiero, sino como tú quieres‖ (Mateo 26:39). En vista de su temor piadoso, Jehová escuchó con favor sus ruegos, lo fortaleció y lo rescató de la muerte (Hebreos 5:7).

Aprendemos a temer a Jehová 11 A diferencia del sobrecogimiento instintivo que nos produce el poder y majestad de la naturaleza, el temor piadoso no surge de modo automático. Por ello, el David Mayor, Jesucristo, nos hace esta invitación profética: ―Vengan, hijos, escúchenme; el temor de Jehová es lo que les enseñaré‖ (Salmo 34:11). ¿Cómo nos ayuda él a temer al Creador? 12 Mediante Cristo llegamos a conocer la maravillosa personalidad de nuestro Padre celestial y, por tanto, a temerle (Juan 1:18). Además, como él refleja a la perfección la personalidad divina, revela con su ejemplo la manera de pensar de Jehová y su forma de tratar a las personas (Juan 14:9, 10). Lo que es más, gracias a su sacrificio podemos acceder a Dios cuando le pedimos que nos perdone los pecados. Esta magnífica expresión de la misericordia de Jehová es otra poderosa razón para temerle. Como escribió el salmista, ―hay el verdadero perdón contigo, a fin de que se te tema‖ (Salmo 130:4).

13 El libro de Proverbios señala una serie de pasos que nos permiten cultivar el temor piadoso. ―Hijo mío, si recibes mis dichos y atesoras contigo mis propios mandamientos, de modo que con tu oído prestes atención a la sabiduría, para que inclines tu corazón al discernimiento; si, además, clamas por el entendimiento mismo y das tu voz por el   discernimiento mismo, […] en tal caso entenderás el temor de Jehová, y hallarás el mismísimo conocimiento de Dios.‖ (Proverbios 2:1-5.) Así pues, para temer a Dios debemos estudiar su Palabra, poner todo empeño en comprender sus instrucciones y luego seguir con cuidado sus consejos. 14 Todo rey de Israel tenía la obligación de hacer una copia de la Ley y ―leer en ella todos los días de su vida, a fin de que aprend[ier]a a temer a Jehová su Dios para guardar todas [sus] palabras‖ (Deuteronomio 17:18, 19). En nuestro caso, la lectura y el estudio de las Escrituras son igual de importantes para aprender a temerle. Al poner en práctica los principios bíblicos, vamos adquiriendo la sabiduría y el conocimiento divinos. Llegamos a ‗entender el temor de Jehová‘, pues vemos los beneficios que produce en nuestra vida y valoramos mucho la relación que tenemos con Dios. Además, seamos jóvenes o ancianos, al congregarnos asiduamente con los hermanos en la fe, escuchamos lo que Jehová nos enseña, aprendemos a temerle y andamos en sus caminos (Deuteronomio 31:12).

Feliz todo el que teme a Jehová 15 Por lo que hemos visto, el temor de Dios es una virtud que debemos cultivar, pues forma parte esencial de nuestra adoración. Nos lleva a confiar plenamente en Jehová, andar en sus sendas y aferrarnos a él. Al igual que en el caso de Jesucristo, también nos impele a cumplir nuestro voto de dedicación ahora y por toda la eternidad. 16 El temor piadoso nunca es morboso ni paralizante. La Biblia nos lo garantiza: ―Feliz es todo el que teme a Jehová, que anda en sus caminos‖ (Salmo 128:1). Él nos exhorta a cultivar esta virtud, pues sabe que nos protegerá. Observamos su amorosa preocupación en las palabras que dirigió a Moisés: ―¡Si tan solo desarrollaran [los israelitas] este corazón suyo para temerme y guardar todos mis mandamientos siempre, a fin de que les vaya bien a ellos y a sus hijos hasta tiempo indefinido!‖ (Deuteronomio 5:29). 17 Igualmente, si nosotros desarrollamos el corazón para temer a Dios, nos irá bien. ¿En qué sentidos? Primero, tal actitud complacerá al Creador y nos acercará a él. David sabía por experiencia propia que Él ―ejecutará el deseo de los que le temen, y oirá su clamor por ayuda, y los salvará‖ (Salmo 145:19). Segundo, nos beneficiará, pues influirá en nuestra actitud ante lo malo (Proverbios 3:7). En el siguiente artículo examinaremos cómo nos protege esta virtud de los peligros espirituales y repasaremos algunos ejemplos bíblicos de hombres que temieron a Jehová y se apartaron del mal.   
Núm. 3:
 El Reino de Dios resucitará a los muertos (rs pág. 305 párrs. 4-7)

Resucitar a los muertos

  Juan 5:28, 29: “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz [la voz de Cristo el Rey] y saldrán.”

Rev. 20:12: “Vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono, y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos [los que efectuaron después de su resurrección; compárese con Romanos 6:7].”

Eliminar toda muerte que se deba a la herencia del pecado adámico

  Isa. 25:8: “Se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro.”

  Rev. 21:4: “Él limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.”


Cántico 111

 

Reunión de Servicio
Cántico 111
5 min. Anuncios.


10 min. ¿Cuál es la lección? Discurso con participación del  auditorio. Tras la lectura de Hechos 5:17-42, analicen juntos cómo este pasaje puede animar a los cristianos a efectuar su ministerio.

(Hechos 5:17-42) Pero el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, la entonces existente secta de los saduceos, se levantaron llenos de celos, 18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en el lugar público de custodia. 19 Pero durante la noche el ángel de Jehová abrió las puertas de la prisión, los sacó y dijo: 20 “Váyanse, y, puestos de pie en el templo, sigan hablando al pueblo todos los dichos acerca de esta vida”. 21 Después de oír esto, ellos entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Ahora bien, cuando llegaron el sumo sacerdote y los que con él estaban, convocaron el Sanedrín y toda la asamblea de los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que los trajeran. 22 Pero cuando los oficiales llegaron allá, no los hallaron en la prisión. De modo que volvieron y dieron informe, 23 diciendo: “La cárcel la hallamos cerrada con toda seguridad, y a los guardas de pie ante las puertas, pero al abrir no hallamos a nadie dentro”. 24 Pues bien, cuando el capitán del templo así como los sacerdotes principales oyeron estas palabras, quedaron perplejos tocante a estos asuntos, respecto a lo que vendría a resultar de ello. 25 Pero llegó cierto hombre y les informó: “¡Miren! Los varones que ustedes pusieron en la prisión están en el templo, puestos de pie y enseñando al pueblo”. 26 Entonces el capitán se fue con sus oficiales y procedió a traerlos, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo los apedreara. 27 De modo que los trajeron y los pusieron de pie en el salón del Sanedrín. Y el sumo sacerdote los interrogó,28 y dijo: “Les ordenamos positivamente que no siguieran enseñando sobre la base de este nombre, y sin embargo, ¡miren!, han llenado a Jerusalén con su enseñanza, y están resueltos a traer la sangre de este hombre sobre nosotros”. 29 En respuesta, Pedro y los [otros] apóstoles dijeron: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres. 30 El Dios de nuestros antepasados levantó a Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo en un madero. 31 A este, Dios lo ensalzó a su diestra como Agente Principal y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32 Y nosotros somos testigos de estos asuntos, y también lo es el espíritu santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen como gobernante”. 33 Cuando oyeron esto, se sintieron cortados profundamente, y querían eliminarlos. 34 Pero se levantó cierto hombre en el Sanedrín, un fariseo de nombre Gamaliel, maestro de la Ley estimado por todo el pueblo, y dio mandato de que sacaran fuera a los hombres por un momento. 35 Y les dijo: “Varones de Israel, presten atención a ustedes mismos en cuanto a lo que piensan hacer respecto a estos hombres. 36 Por ejemplo, antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que él mismo era alguien, y un número de varones, como cuatrocientos, se unió a su partido. Pero él fue eliminado, y todos los que le obedecían fueron dispersados y vinieron a nada. 37 Después de él se levantó Judas el galileo en los días de la inscripción, y atrajo gente en pos de sí. Y sin embargo ese hombre pereció, y todos los que le obedecían fueron esparcidos por todas partes. 38 De modo que, en las presentes circunstancias, les digo: No se metan con estos hombres, sino déjenlos (porque si este proyecto o esta obra proviene de hombres, será derribada; 39 pero si proviene de Dios, no podrán derribarlos); de otro modo, quizás se les halle a ustedes luchadores realmente contra Dios”. 40 De modo que le hicieron caso, y, mandando llamar a los apóstoles, los fustigaron, y les ordenaron que dejaran de hablar sobre la base del nombre de Jesús, y los dejaron ir. 41 Estos, por lo tanto, se fueron de delante del Sanedrín, regocijándose porque se les había considerado dignos de sufrir deshonra a favor del nombre de él. 42 Y todos los días en el templo, y de casa en casa, continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús.


10 min. Necesidades de la congregación.
10 min. Preparemos a la familia para el ministerio. Entrevistas y demostración. Entreviste a un matrimonio y a una familia con hijos. Pregúnteles cómo utilizan la Noche de Adoración en Familia para prepararse para el ministerio. Pídale a una de las familias que demuestre brevemente cómo lo hacen.
Cántico 88 y oración

 

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