Para recordar: Dios protege, Salmo 91

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Hoy es lunes. Arranca la semana. ¿Qué necesitas esta semana? El Salmo 91 es uno de los salmos más conocidos. Es un salmo de protección. De esperanza. De guía. Y sin duda alguna, necesitamos proteger nuestro corazón de las preocupaciones del día a día, necesitamos esperanza en Dios y necesitamos la guía sabia que nos conduce al éxito. Por ello el recordar el Salmo 91 puede ayudarnos en este cometido. ¿En sí mismo el salmo protege? No. Es Dios quien da protección. El Salmo 91, no debe ser visto como amuleto. Son dichos de Jehová, poderosos que nos invitan a la esperanza y a reflexionar en el cuidado providencial de Dios.

Pero leerlo hace que el creyente recuerde razones por las cuales puede confiar en el poder protector de Jehová.

¿Por qué confiar en la protección de Dios?

Responde el Salmo 91:

Cualquiera que more en el lugar secreto del Altísimo
se conseguirá alojamiento bajo la mismísima sombra del Todopoderoso.

Cualquiera…

El único requisito para disfrutar del poder protector de Dios es estar en el lugar secreto del Altísimo: el favor de Dios, atesorado en su corazón. Si uno está en el corazón de Dios, ¿es posible que Dios se olvide de un@?

Ciertamente diré a Jehová: “Tú eres mi refugio y mi plaza fuerte,
mi Dios, en quien de veras confiaré”.

El creyente confiesa que Jehová es su refugio y fortaleza. El Dios digno de confianza. No hay relato bíblico en el que Dios no intervenga para salvar. Para dar fuerzas. Para socorrer. Para consolar. Esa es la confianza, en el poder, el amor, y la gracia de Dios, inagotables todas, en constante sintonía con nuestra vida.

¿Algo nos preocupa? Dios lo sabe. ¿No tenemos paz en el corazón? Dios lo sabe. Pero el creyente no tiene dudas sobre a quién acudir en busca de refugio.

Porque Él mismo te librará de la trampa del pajarero,
de la peste que causa adversidades.

Con sus plumas remeras obstruirá el acceso a ti,
y debajo de sus alas te refugiarás.

Su apego a la verdad será un escudo grande y baluarte.

No tendrás miedo de nada pavoroso de noche,
ni de la flecha que vuela de día,
ni de la peste que anda en las tinieblas,
ni de la destrucción que despoja violentamente al mediodía.

Múltiples son las amenazas. Los enemigos tiendes trampas, hay adversidades como pestes, contagiosas para enfermar el alma.

Pero Dios, cual águila, extiende sus alas, para cubrir con su sombra a sus hij@s. Nada que temer. A Dios, el enemigo nunca lo toma desprevenido. Dios ya tiene el refugio listo, y la solución a las dificultades.


Jehová es el Dios de la Verdad. Él no puede mentir. Si ha prometido protección, es Su promesa bendita de ayudarnos y protegernos la que representa nuestra protección.

¿Es que Dios elimina las amenazas? No necesariamente. Dios no evitó que Faraón llegase al campamento israelita frente al Mar Rojo. Dios no impidió que los asirios llegasen a Jerusalén misma en tiempos del Rey Ezequías.

Las amenazas pueden ser claras, nítidamente evidentes, como una flecha que vuela de día. O pueden ocultarse, como si fueran una atemorizante sombra en la noche. Y pueden presentarse circunstancias amenazantes, pero mezcladas con la luz de la oportunidad del mediodía.

¿Qué pide Dios? No tener miedo a ninguna amenaza. No tener pavor de nada. Dios sabe las cosas antes de que nos percatemos de ellas. Por eso el tener valor y confianza en Dios frente a la adversidad es el antídoto contra las diversas circunstancias y problemas.

No hay temor en el amor, escribió el apóstol Juan. ¿Qué significa? Que el temor es una energía negativa que atrae más cosas negativas, y hace creer que las cosas son peores de lo que se cree. El temor paraliza, socava la confianza. Pero el amor perfecto de Dios hacia cada uno o una de nosotros y nosotras nos mueve a tener valor. Valor, y no temor ante las circunstancias, es lo que nos ayuda a salir airosos de una situación.

¿Qué debes afrontar esta semana? Hazlo con valor y la certeza de que todo será para bien. Es lo que debemos recordar, porque es la promesa de Dios, escrita en el Salmo 91.

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