¿Cómo entender que Dios le dé un hijo prometido a un hombre, y 25 años después le ordene matarlo?

From: mat.22_37@live.com
Subject:
Jehová-yiré: Dios Proveerá
Date: Sun, 20 Jun 2010 20:21:00 -0700



¿Cómo entender que Dios le dé un hijo
prometido a un hombre, y 25 años después le ordene matarlo?

Este hombre que recibió esta orden
fue Abrahán, el gran patriarca de la nación hebrea. Dios consideró Su
amigo a Aabrahán, y es más que una figura histórica. Es uno de los
personajes más mencionados en la Biblia (alrededor de 1000 veces), y el
punto de origen de la nación israelita. Fue además un hombre con el que
Dios hizo una alianza. Un Pacto. Un Pacto conocido como el Pacto
Abrahámico.

Abrahán a sus casi 100 años llegó a
ser padre del hijo de la promesa, a Isaac. Tras varios años, Abrahán
estaba feliz con su hijo. Al fin y al cabo, las promesas de Dios cuando
se cumplen llenan de satisfacción. Y así estaba Abrahán, Sara e Isaac.
Viviendo su vida.

Pero Dios puso a
prueba a Abrahán. Le dijo: “¡Abrahán!”, a lo cual dijo él: “¡Aquí
estoy!”. Y Jehová dijo: “Toma, por favor, a tu hijo, a tu hijo único a
quien amas tanto, a Isaac, y haz un viaje a la tierra de Moria, y allí
ofrécelo como ofrenda quemada sobre una de las montañas que yo te
designaré”.

Tras varios años en los que el Génesis no ofrece
información sobre si Jehová y Abrahán hablaron, Dios rompe el silencio.
De repente, sin Abrahán esperárselo.

Pero Jehová no le dice a Abrahán palabras
gratas. ¿Estaba Abrahán acaso pensando en el futuro de Isaac? ¿Haciendo
planes para que su hijo se casara?

Todo se va al
suelo, se esfumó con las palabras de Dios. Una orden clara, directa de
Jehová a Abrahán.

Los años, la experiencia, el haber vivido
confiando en Dios, ejerciendo la fe.

¿Cómo reacciona Abrahán?

Abrahán se
levantó muy de mañana y aparejó su asno y tomó consigo a dos de sus
servidores y a Isaac su hijo; y partió la leña para la ofrenda quemada.
Entonces se levantó y emprendió el viaje al lugar que le designó Dios.

Aquí le vemos: a
primera hora de la mañana del día siguiente de haber recibido la orden
de Dios, actúa. Prepara todo lo necesario para el viaje: el asno, sus
servidores, la leña. Y su hijo. Al tenerlo todo listo, emprendió el
viaje.

Dios había
hablado. Y a Abrahán le tocaba actuar. Eso era lo que había.

Al tercer día
Abrahán alzó los ojos
y empezó a ver el lugar del sacrificio desde lejos. Abrahán dijo a sus
servidores: “Quédense aquí con el asno, pero yo y el muchacho queremos
ir allá, y adorar, y volver a ustedes”.

Después de eso,
Abrahán tomó la leña de la ofrenda quemada y la puso sobre Isaac su
hijo, y tomó en sus manos el fuego y el cuchillo de degüello, y ambos
siguieron adelante juntos. E Isaac empezó a decir a Abrahán su padre:
“¡Padre mío!”. Él a su vez dijo: “¡Aquí estoy, hijo mío!”. De modo que
continuó: “Aquí están el fuego y la leña, ¿pero dónde está la oveja para
la ofrenda quemada?”. A lo cual dijo Abrahán: “Dios se proveerá la
oveja para la ofrenda quemada, hijo mío
”. Y ambos siguieron andando
juntos.

En todo el relato
era obvio que Abrahán asumió una postura muy clara en hacer lo que Dios
le había ordenado. No consultó con Sara, con Isaac, o con los
servidores.

Pero en este
punto Isaac ve que se acercaba el momento de ofrecer el sacrificio.
¿Ofrecer qué? Él era el sacrificio. Pero no ve la oveja. Le pregunta a
su padre. Pero le llama "Padre mío". Para Isaac era Abrahán el padre, un
padre amado. Y además, un hombre a quien Dios había favorecido.

La respuesta de
Abrahán es el momento crucial de la historia. En estos 4-5 días Abrahán
había sido hermético sobre dar información del sacrificio. E Isaac le
pregunta sobre el sacrificio mismo. ¿Qué decir?

Abrahán
sencillamente dijo:

Dios se proveerá
la oveja para la ofrenda quemada, hijo mío

Dios no había dicho qué haría. No había dado a
Abrahán palabras de esperanza. ¿De dónde sacó Abrahán que Dios
proveería la oveja?

Lo sacó de su fe. De su confianza en que
Jehová proveería la ofrenda. ¿Cuándo? ¿Cómo? Eso sólo lo sabía Dios. Lo
que Abrahán sabía era que Dios lo haría, sin saber el Cómo ni el Cuándo.

Así que Abrahán declaró el Jehová-yiré, o el
nombre del lugar donde sería el sacrificio como el lugar en el que
Jehová proveería. Y lo hizo con fe. "Plenamente convencido en Aquel que
llama a las cosas que no son como si fueran", diría Pablo sobre la fe de
Abrahán. Es quizás uno de los pocos ejemplos bíblicos de un nivel de fe
tan absolutamente superlativo.

Porque el problema de la fe no es Dios, sino
un@ mism@. Los propios temores, las propias dudas, los propios
pensamientos divergentes sobre Dios y sobre las diversas situaciones que
se enfrentan.

Finalmente llegaron al lugar que le había designado
Dios, y allí Abrahán edificó un altar y puso en orden la leña y ató de
manos y pies a Isaac su hijo y lo puso sobre el altar, encima de la
leña.

Entonces Abrahán extendió la mano y tomó el cuchillo
de degüello para matar a su hijo.

Fin de
la historia

¿Y ahora qué?

El ángel de Jehová (Miguel el Arcángel, o Jesucristo
en su rol de Arcángel) se puso a llamarlo desde los cielos y a decir:
“¡Abrahán, Abrahán!”, a lo cual él contestó: “¡Aquí estoy!”. Y pasó a
decir: “No extiendas tu mano contra el muchacho y no le hagas nada,
porque ahora sé de veras que eres temeroso de Dios, puesto que no has
retenido de mí a tu hijo, tu único”.

En esto Abrahán alzó los ojos y miró, y allí, a poca
distancia enfrente de él, había un carnero prendido por los cuernos en
un matorral. De modo que Abrahán fue y tomó el carnero y lo ofreció como
ofrenda quemada en lugar de su hijo.

Y Abrahán se puso a llamar aquel lugar por nombre
Jehová-yiré. Por eso se acostumbra decir hoy: “En la montaña de Jehová
se proveerá”.

Y el ángel de
Jehová procedió a llamar a Abrahán por segunda vez desde los cielos y a
decir: “‘Por mí mismo de veras juro —es la expresión de Jehová— que por
motivo de que has hecho esta cosa y no has retenido a tu hijo, tu único,
yo de seguro te bendeciré y de seguro multiplicaré tu descendencia como
las estrellas de los
cielos
y como los granos de arena que hay en la orilla del mar; y
tu descendencia tomará posesión de la puerta de sus enemigos. Y
mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de
la tierra debido a que has escuchado mi voz’”.

Después de eso
Abrahán volvió a sus servidores, y se levantaron, y juntos procedieron a
irse a Beer-seba; y Abrahán continuó morando en Beer-seba.

El final de la
prueba para Abrahán fue este momento, encerrado en el óvalo amarillo:


El momento en el que Abrahán
extendió la mano y tomó el cuchillo de degüello para matar a su hijo.
Allí Dios intervino por medio de un ángel, de Miguel. Dios había dicho a
Abrahán:

"Toma, por favor, a tu hijo, a tu
hijo único a quien amas tanto, a Isaac, y haz un viaje a la tierra de
Moria, y allí ofrécelo como ofrenda quemada sobre una de las montañas
que yo te designaré"

Y Abrahán lo hizo. Tomó a Isaac,
viajó a la tierra de Moria (Jerusalén), y ofreció a Isaac como ofrenda
quemada.

Monte del Templo, lugar del Primero y Segundo Templo
judío, identificado por las tradiciones judía e islámica
como el lugar del
monte Moria, en el que Abrahán ofreció a su hijo Isaac en sacrificio.

Dios
había probado muchas veces la fe de Abrahán. Pero esta fue sin lugar a
dudas LA PRUEBA. Fue, a modo de entender, el Getsemaní personal del
propio Abrahán. Lo fue, porque fue el momento definitivo de demostrar la
fe. Lo que era Abrahán para Dios, y lo que era Dios para Abrahán.

Este
es un relato que sólo puede ser entendido a la luz de haber vivido algo
similar. razón por la cual hermeneutas bíblicos, exégetas, teólogos y
comentaristas no suelen comentar sobre este pasaje.

Puede
buscar referencias sobre este suceso, y con dificultad hallará
comentarios sobre esta historia.

Es
historia actual por cierto, porque es un relato que confronta al 100% la
capacidad humana de tener fe en Jehová y en Su provisión.

¿Qué
provee Dios? El Sol, la lluvia, el aire que se respira.

Pero
también Dios provee luz, sabiduría, consciencia, paz, amor, liberación,
la posibilidad de iniciar una nueva vida, la vida eterna, la pareja, el
café de la tarde que te reanima, el dinero para que te vayas a la
peluquería…

¿Cuesta creerlo? Seguro que sí.
Cuando
Abrahán llamó “Jehová-yiré” al lugar del sacrificio, no sólo reconocía
la liberación que Dios acababa de otorgarle, sino que también anunciaba
proféticamente el don inefable del amor de Dios por la humanidad.

Jehová-yiré es
también la expresión de la fe frente a las dificultades que el creyente
es llamado a afrontar en su camino. Sí, el Señor provee a todas nuestras
necesidades: Él libera, alienta, consuela, restaura, perdona y dirige
sin cesar nuestras
miradas hacia los Cielos.

Dios Proveerá.

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