¿A qué fue Jesús a Getesemaní?

From: mat.22_37@live.com
Subject:
Getsemaní
Date: Thu, 17 Jun 2010 11:04:55 -0700

Jesús era perfecto. Hijo de Dios. Tenía las
respuestas a todas las preguntas. Jamás tuvo dudas o cuestionamientos sobre
si hacer algo era bueno o malo.

Siempre tuvo claridad absoluta
sobre todas las cosas. Lo sabemos porque hemos leído su vida en los Evangelios.
Nos hemos formado una imagen propia de Jesucristo, y
pensamos que sin dudas ha sido el Hombre más Grande que haya existido en
esta Tierra.

Pero antes de afrontar sus horas más terribles, su
más grande prueba, lo vemos enGetsemaní. Era un jardín, un lugar al
que solía ir Jesús junto a los apóstoles. Y fueron allí, antes de
iniciarse los sucesos que condujeron a Su juicio y ejecución.

¿A qué fue Jesús a Getesemaní?

Narra
la Biblia:

Marcos
14:32-42
Entonces llegaron a un lugar cuyo nombre era Getsemaní,
y él dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras yo oro”. 33 Y tomó consigo a Pedro y a
Santiago y a Juan, y comenzó a aturdirse y a perturbarse penosamente.
34 Y les dijo: “Mi alma está hondamente contristada, hasta la muerteQuédense aquí
manténganse alerta
”.
35 Y yendo un poco más adelante caía al suelo y oraba que, si fuera posible, pasara
de él aquella hora
. 36 Y decía: “Abba, Padre, todas las cosas te son
posibles; remueve de mí esta copa. No obstante, no lo que yo quiero,
sino lo que tú quieres
”. 37 Y vino y los halló durmiendo, y dijo a
Pedro: “Simón, ¿duermes? ¿No tuviste las fuerzas para mantenerte alerta
una sola hora? 38 Varones, manténganse alerta y orando, para que
no entren en tentación. El espíritu, por supuesto, está pronto, pero la
carne es débil”. 39 Y de nuevo se fue y oró, diciendo la misma palabra. 40 Y
vino otra vez y los halló durmiendo, pues tenían los ojos cargados, de
modo que no sabían qué contestarle. 41 Y vino la tercera vez y les dijo: “¡En una
ocasión como esta ustedes duermen y descansan! 
¡Basta! ¡Ha llegado la hora! ¡Miren!
El Hijo del hombre
es traicionado en manos de pecadores. 42 Levántense,
vámonos. ¡Miren! El que me traiciona se ha acercado”.

Mi alma está hondamente contristada,
hasta la muerte.Quédense aquí y manténganse alerta

Así
estaba Jesús: con el alma hondamente contristada.
No era una tristeza pasajera, o una depresión pasajera. Era una
sensación que invadía todo su ser, hasta la muerte. Podríamos
imaginarnos el peor momento de nuestra vida y multiplicarlo por n
.
Así estaba Jesús. No podemos asemejar nuestras emociones a las que
vivió Él.

El destino de la Humanidad estaba en sus manos. El
propósito de Dios estaba en sus manos. Las esperanzas de quienes en Él
creían, estaban en sus manos. TODO estaba en sus manos.

Porque
hay momentos en los que hay que actuar y asumir la responsabilidad.
Jesús no era culpable de la situación en la que se hallaba la Humanidad.
Dolor, sufrimiento, pecado, lejanía de Dios. Esa era la vida de la
Humanidad. No la de Jesús. Jesús nunca tuvo en su corazón la sensación
de estar lejos de Dios. Pero nosotros la conocemos de memoria.

Jesús
no era culpable o responsable de lo mal que estaban las cosas con la
Humanidad. Pero estuvo dispuesto a decirle que sí al Padre cuando Jehová
le pidió venir a la Tierra a salvarnos. Sí, es Jesús el Salvador del
Mundo. Pudo haber dejado que otro asumiera esta responsabilidad. Pero
nadie mejor que Él para venir a vivir entre nosotros. Nadie como Él para
sentir compasión por una
mujer
con 12 años de flujo de sangre, o para sentir compasión por
una mujer a punto de morir a pedreada, o para tener el valor de
sanar a un hombre en un día sábado, así se le viniera en contra el
Sanedrín completo.

No negamos que los otros ángeles sientan amor
por la Humanidad. Pero Miguel, Arcángel de Dios, se encariñó con
nosotros desde el mismo momento en que salió de la Boca de Dios la
palabra "Hagamos al Hombre a nuestra Imagen, según nuestra Semejanza".

Y
ahora, este poderoso arcángel, está en Getsemaní.
Rodeado de olivos que aún existen, en la soledad de la noche, había
llegado el momento de la verdad. Y Jesús lo sentía plenamente. Por eso fue a Getsemaní a
orar, buscando el rostro de Dios, como antes lo había hecho, ahora, en
el momento más agudo y crucial de su vida, era la guía divina la que
necesitaba.

Caía al suelo y oraba que, si fuera posible, pasara de él
aquella hora

De
rodillas, en el suelo, sintiendo de lleno la condición humana. Así
habíamos estado desde que Adán pecó. Caídos. En el suelo. Lejos de Dios.
Lejos de la vida que pertenece a lo que Jehová quería para nosotros
desde un inicio. Pero el estar en el suelo y orar era algo que surgía
del momento. El momento más glorioso de Cristo era este. Era el momento
de confrontar su verdad. La verdad era que Él deseaba otra vía, otro
camino. Jesús nos enseñó que para Jehová todas las cosas son posibles.
¿Era posible que Jehová cambiara Su Voluntad respecto al beber esa copa
amarga del sacrificio y su agonía? Era posible.

¿No quería Jesús
cumplir lo que el Padre le encomendó? No era el caso, porque si era así,
se hubiera ido a otro lugar, como hizo Jonás,
que huyó. Jesús no huyó. Jesús se presentó al lugar adonde lo
traicionaría Judas y lo arrestarían.

Pero Jesús era humano. Como
usted y como yo. De carne y hueso. Sintiendo de lleno lo que quería, y
lo que no quería. Jesús mostró libremente su deseo de que las cosas
tomaran otro giro. Pero el Único que podía hacerlo era Jehová. Por eso
Jesús fue a orar.

Cuántas veces uno ve lo que inevitablemente ha
de suceder. Y acude a Dios para que Él cambie la situación. Nosotros lo
hacemos por fe. Jesús lo hacía por su posición de Hijo. Jesús no dudaba
de su misión, o de llevarla a cabo. Pero era humano, y enfrentar lo que
venía no era fácil. Por eso pidió a Dios que "pasara aquella hora".

¿Debemos
creer que Jesús era alguien sin sentimientos humanos en ese momento?
No. Un humano ni siquiera acepta semejante misión de sacrificarse por
otro. Y de la forma que lo haría Jesús.

Jesús tenía libre
albedrío y tenía derecho a pedirle al Padre que pasara de Jesús
aquella hora, que hubiera un giro de las circunstancias. Jesús no era un
robot que a todo le decía sí y amén a Jehová sin consciente y deliberadamente decidir
que sí lo haría, por qué la haría, para qué hacerlo y cómo realizarlo.

Jesús
aquí nos da un ejemplo de cómo es la obediencia a Jehová: consciente,
deliberada, con conocimiento de causa y efecto, con el
amor a Dios como fundamento, y por supuesto, sabiendo que Jehová
recompensa y bendice la obediencia.

Jesús no obedecía al Padre
porque le tocaba, o por obligación. Era el amor a Jehová, a sí mismo y a
la Humanidad lo que le movía. ¿Jesús obedecer a Jehová y sufrir
semejante suplicio por amor a sí mismo? Sí. Jesús, por decirlo de una
manera, no se miraría al espejo como un cobarde que no hizo lo que debía
hacer por miedo o por temor.

Es un buen momento para tener
gratitud. Gracias a Jehová, por habernos dado a Su Hijo para que nos
enseñara, nos sacara del Oscurantismo en todas sus formas, por ser Luz,
Verdad y Vida, el Camino por el cual acercarnos al Padre.

Y
gracias al Hijo, por su sacrificio, por estar aquí con nosotros, por
enseñarnos la Verdad, y por darnos valor e identidad, y para hacernos
sentir que podemos sentirnos libres como Hijos e Hijas de Dios,
caminando erguidos, con la frente en alto y el corazón rebosante de
amor.

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