El Sueño de Jacob‏

El Sueño de Jacob‏
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jesus barragan (mat.22_37@live.com)

Sent: Fri 6/18/10 7:51 AM
To:


Jacob, el gran patriarca hebreo, tuvo un
sueño. Sabía que Jehová estaba en ese lugar donde él dormía. Era
increíble, pero cierto. Sintió temor de estar en un lugar muy especial:
la casa de Dios, y la puerta de los cielos.

Así que Jacob se levantó muy de mañana y
tomó la piedra que era su almohada y la convirtió en una columna y
derramó aceite sobre la parte superior de ella.

Y llamó a aquel lugar Betel (Casa de
Dios), aunque, de hecho, Luz era el nombre de la ciudad anteriormente.




Jacob llamó a una piedra Betel, que significa Casa
de Dios.

Uno se
imagina llamar la Casa de Dios, o Betel, a un lugar muy especial. Lleno
de oro, diamantes, rubíes, esmeraldas, rodeada de los más exóticos
jardines.

Pero,
¿llamar Casa de Dios a una piedra?

Pero
Jacob tuvo sus razones para ungir con aceite una piedra, convertida en
un lugar sagrado.

Este
hombre había salido de su casa, en Canaán, donde vivía con su familia.
¿Adónde iba? A buscar una esposa, a la tierra de Harán.

Jacob
no era un hombre cualquiera. Era el hombre a quien Dios había elegido
para ser el heredero del Pacto que hizo Dios con Abrahán. Era un hombre
que había hecho de las promesas de Dios el centro de su vida. A
diferencia de Esaú su hermano, quien nunca valoró el derecho que le daba
en la relación con Dios el ser primogénito.

Esaú
vendió a Jacob la primogenitura por un plato de lentejas.

Pero
ahora Jacob, con la bendición de Isaac su padre, tenía que hacerse su
propia historia personal de relación con Jehová. Ya no era el hijo de
Isaac. Era el heredero del Pacto con Abrahán, y eso cambiaba su orden de
vida.

¿Qué
hizo Jehová para establecer Su Pacto con Jacob? Porque Jacob había
recibido la bendición de Isaac, pero hasta este punto de la historia,
Dios no había hecho nada que manifestara su nueva relación con Jacob.

Así que
Jacob, estando solo, en su primera noche totalmente fuera de la
protección de su padre Isaac, fuera del clan patriarcal y en búsqueda de
establecer su propio hogar, tras caminar largas horas, por fin se
detiene a dormir.

Y
entonces comienza a soñar. En su sueño ve una escalera situada sobre la
tierra, y su parte superior alcanzaba hasta los cielos. Una escalera de
la Tierra al Cielo. Y allí estaban los ángeles de Dios ascendiendo y
descendiendo por ella. Al final de la escalera, en el Cielo estaba…
Jehová.

Dijo:
“Yo soy
Jehová el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac. La tierra sobre
la cual estás acostado, a ti te la voy a dar, y a tu descendencia. Y tu
descendencia ciertamente llegará a ser como las partículas de polvo de
la tierra, y ciertamente te extenderás hacia el oeste y hacia el este y
hacia el norte y hacia el sur, y por medio de ti y por medio de tu
descendencia todas las familias del suelo ciertamente se bendecirán. Y
aquí estoy yo contigo y ciertamente te guardaré en todo el camino por el
cual estás yendo, y ciertamente te haré volver a este suelo, porque no
voy a dejarte hasta que realmente haya hecho lo que te he hablado”.

Al
despertarse Jacob sintió temor. Había vivido una experiencia
sobrenatural. Una experiencia numínica, en la que Jacob se relacionó con
un ser sobrenatural espiritual. Dios le habló a Jacob por medio de este
sueño, y a lo largo de la vida de Jacob este tipo de experiencias se
presentarían en momentos clave en los que Jehová le comunicaría Su
voluntad.

El
temor que sintió Jacob fue un temor reverencial por el hecho de que Dios
le hablara.

La
numinosidad, o atributo de Dios de hacer manifiesta su presencia
sobrenatural, es una constante en la Biblia. Manifestaciones
espectaculares como el milagro del Mar Rojo, o el Monte Sinaí temblando,
en medio de oscuridad, fuego, o relámpagos, son ejemplos de
experiencias numinosas en las que el protagonista es Dios, haciéndose
presente, o haciéndose manifiesto ante las personas que veían la
manifestación.

El
sueño de Jacob era el primer paso en iniciar la relación de él con Dios.

¿Qué
significa el sueño de Jacob, y qué interpretación tiene que nos ayude a
nosotros hoy?

Jacob
vio una escalera. De la Tierra al Cielo.

¿Nos es
posible a los humanos acercarnos a Dios? Sí. Pero es Dios quien asume
la iniciativa, y no nosotros.

Es Dios
Quien decide cuándo y cómo acercarse a nosotros. Jacob tuvo que
realizar una serie de acciones, y cada persona que quiere acercarse a
Dios debe darlos también.

Jacob
ve ángeles ascender y descender al Cielo. Ellos son los mensajeros de
Dios. Los que ejecutan las órdenes divinas. ¿Hemos sido afectados en
algún momento de nuestra vida por ángeles? Seguro que sí. Pero convertir
esa intervención angélica en un motivo para venerar ángeles sería un
error.

Jacob
ve al final de la escalera a Jehová. Jehová le habla, brindándole las
palabras de confirmación de Pacto.

Hoy
Dios parece repetir el llamado a recordar Sus promesas. De bendecir, de
guiar, de consolar, de proveer.

Y
finalmente, una piedra es ungida como la Casa de Dios.

¿Qué es
la Casa de Dios? ¿Una Iglesia, o lugar de reunión para aprender de
Dios?

La Casa
de Dios es donde está Jehová. Donde está la presencia de Dios y su
favor.

Donde
está Dios se siente inmediatamente. Quien tiene la presencia de Dios y
su favor también es una persona diferente. Como Jacob, que no era
perfecto, ni superhombre, pero que sin lugar a dudas jamás olvidó que
pasara lo que pasara, donde él estuviera, estaba Dios y SU presencia.

Sí,
donde está Jehová presente, esa es Su Casa.

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