Ilustración: La tortuga, Shared By Berenice


 

 

Había
una vez una hermosa tortuguita que perdió el deseo de conversar con sus
compañeros, no tenía ganas ni de saludar a nadie, solo quería
encerrarse en su caparazón, ocultarse de otros.

Tres compañeros
que lo notaron se le acercaron para preguntarle que le pasaba, pero ella
prefirió quedarse callada y no responder enseguida, pues aunque ella
sabía que no era bueno aislarse, se sentía desolada. Pareciera que algo
muy dentro de ella no funcionara bien, no era un dolor físico, no tenía
mala salud ni era algo que los doctores pudieran curar.

Tortuguita
se encontraba muy triste y pensativa, se preguntaba a sí misma: ¿Por
qué no logro alcanzar mis sueños, mientras otros si lo hacen? Y cuanto
más fijaba su mente en las metas que no podía alcanzar, peor se sentía,
hasta que por fin estalló en un llanto incontrolable.

Una tortuga
muy sabia que por casualidad pasaba por allí escuchó sus sollozos, de
inmediato se acercó a ella y le dijo:

– No debes estar así, no
estás sola, piensa que has logrado mucho, eres leal, cuentas con muchos
compañeros que te quieren y tienes amigas incondicionales. Solo asoma la
cabeza y permíteme ayudarte. Además, nunca olvides que el Creador te
ama y me ha bendecido con tu amistad, que aprecio mucho.

Tortuguita
asomó la cabeza y notó que la Tortuga que le hablaba no llevaba
caparazón, quien le explicó:

– Yo perdí el caparazón hace mucho
tiempo, pues me he enfrentado a muchas pruebas muy duras donde este se
fue desgastando, ni siquiera me percaté cuando lo perdí, pero lo
importante es que he logrado sobrevivir a todo y aquí estoy, algo
vulnerable pero viva. Pero el verte llorar me hace llorar a mi, por eso
si tu sonríes, yo seré feliz. Hoy también me he sentido triste, es de
esos días que ni la cueva más profunda puede ocultar lo que siento, pero
si tú estás bien, yo me sentiré mejor.

Las palabras de la sabia
Tortuga calaron en lo más profundo a Tortuguita, quien comenzó a
preguntarse:

– ¿Cómo es posible que mi estado de ánimo pueda
afectar tanto a los que me rodean y que de mi pueda depender la
felicidad de otros? Quizás el no poder alcanzar una meta no signifique
que yo no pueda ser útil para otras labores, aunque sea menos lo que
pueda hacer, por mis limitaciones… ¿Y no estaré siendo una egoísta al
pensar solo en mi, en mis propias penas, y que esto impida que sea capaz
de percibir que hay muchos a mi alrededor cuya condición puede ser peor
que la mía y aún así, siguen adelante?

Tortuguita entonces le
respondió a la sabia Tortuga:

– Tienes razón, yo poseo muchas
cosas valiosas, como un duro caparazón que me ha permitido soportar
muchas pruebas difíciles, tengo muchos amigos que me aman, como tu, pero
sobre todo, se que no debo pensar en lo que no puedo hacer, si no mas
bien, concentrarme en lo que Si HAGO; con la ayuda del Creador….
¡Vamos, caminemos siempre juntas!, y si necesitas protección, yo puedo
ofrecértela, mi caparazón puede servirnos a ambas.

Si estamos
unidas, nos ayudaremos, nos animaremos una a la otra y no habrá ya nada
que nos haga sentir tristes. Acabo de comprender lo que dice unos dichos
muy sabios:

"Por lo tanto, sigan consolándose unos a otros y
edificándose unos a otros, así como de hecho lo están haciendo".
(1Tesalonicenses 5:11)

"Y si un miembro sufre, todos los demás
miembros sufren con él; o si un miembro es glorificado, todos los demás
miembros se regocijan con él." (1 Corintios 12:26)

"Sigan
llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del
Cristo." (Gálatas 6:2.)

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