Tener esperanza: Lecciones de José

Tener esperanza: Lecciones de José‏
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jesus barragan (mat.22_37@live.com)

Sent: Mon 5/31/10 8:45 AM
To:


Tener esperanza: Lecciones de José


Si existe un personaje bíblico capaz de
enseñarnos el significado de la palabra esperanza, ese es José.

A
la edad de 17 años tiene dos sueños de parte de Dios que la muestran un
destino de grandeza y honor. Pero los años que transcurrieron desde el
momento en que sueña con su destino, hasta la realización del mismo,
realizado por etapas, nos indica una clara evolución de José hacia la
plenitud de sí mismo, y por supuesto, la realización de su destino.

La
historia de José desmitifica un poco la relación con Dios.

Se
cree que el hecho de que una persona tenga la intervención divina, como
era el caso de José, le crea una especie de salvaguarda absoluta contra
los problemas. Como si la persona fuera cubierta con una especie de
burbuja.

Por eso es que al vivir lo que algunos llaman "la
noche oscura del alma", o al estar viviendo situaciones límite, la
inmensa mayoría de las personas asumen dos posiciones:

  • Creer
    que se está por encima de las circunstancias penosas:

Es la
reacción orgullosa de quien dice: ¡soy mejor que esto!, y se niegan a
reconocer que están en un problema, o viviendo horas bajas.

  • Asumir
    la actitud de: ¿Por qué Dios permitió que esto ocurriera? ¿Por qué a
    mí? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué la vida se ensaña conmigo?
    ¡Dios me ha fallado! (las otras expresiones similares, las dejo a la
    imaginación de cada cual).

Lógicamente, hemos pasado por esas
actitudes. Son universalmente humanas.
Pero, ¿son las más
convenientes? ¿Me beneficia asumir esa actitud cuando estoy
metido/metida en una especie de túnel sin salida?

La actitud que
realmente beneficia y conviene, es la que nos ayuda en medio de las
crisis.

La actitud que adoptó
José.

José desarrolló cualidades. Se construyó a
sí mismo internamente sobre sólidos cimientos. Se acostumbró a sacar el
mejor partido de las circunstancias, así fueran totalmente
desfavorables.

José dio lo mejor de sí en cada situación que
enfrentó. Cuando era el hijo predilecto de Jacob, se encargaba con
esmero de cualquier tarea que le dieran. Cuando fue vendido como esclavo
a Potifar relata la Biblia:

Génesis 39:2-3
Pero Jehová resultó estar con José, de modo
que este llegó a ser un hombre que en
todo tenía éxito, y vino a estar sobre la casa de su amo, el egipcio
.
Y su amo llegó a ver que Jehová
estaba con él y que Jehová hacía que todo lo que él efectuaba tuviera
éxito en su mano.

"Llegó a
ser un hombre que en todo tenía éxito"
. ¿Exitoso como esclavo?
Sí. Porque todo lo que hacía tenía éxito, y Jehová estaba con él, y
Potifar lo notó.

Hay personas que son ricas, con altos cargos
políticos, y no son exitosas. No hallan satisfacción del trabajo
excelentemente hecho, del sentido de contribuir al bienestar y
prosperidad de otros. José no era un trabajador desganado, de esos que
hay que ordenarle 10 veces que haga las cosas, y que las haga bien
hechas. Éxito no es solamente dirigir con acierto un holding
empresarial, o realizar investigaciones científicas. Hay personas que
son porteros de un edificio, o empleadas domésticas y tienen una buena
actitud. Eso es éxito también.

José se elevó a así mismo por
encima de sus circunstancias. No permitió que estas lo hundieran en la
depresión, frustración o desánimo.

Al estar en prisión, José
estaba perdido. No habría esperanza de salir de la prisión, ni nadie que
intercediera a su favor.

José
entonces, se apoyó en su Centro.

Porque todos
tenemos un Centro psicológico, un lugar en el cual podemos conectarnos
con Dios. Dicho Centro puede actuar como un círculo psicológica,
espiritual y emocionalmente protector. Aquello que nos hace ser
íntegros, y nos preserva de la adversidad, queda intacto dentro de
nosotros.

José dejó de lado su egocentrismo. Ese lado nuestro que
es egoísta, orgulloso, que se resiste a humillarse, a ser humilde, a
ser flexible, a ser paciente. El egocentrismo de José tenía
antecedentes: era el hijo favorito de su padre Jacob, y era el favorito
de Dios. Y él mismo era un ser excepcional. Una mezcla de condiciones
que le hacían candidato fácil a ser engreído. A creerse el centro del
mundo, y que todo tenía que girar en torno a él.

En esa misma
posición estaba Jesucristo. No era cualquier persona. Era el Segundo en
Poder en el Universo, cuando tuvo que "despojarse a sí mismo y tomar la
forma de un esclavo y llegar a estar en la semejanza de los hombres. Más
que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente
hasta la muerte, sí, muerte en un madero de tormento" (Filipenses
2:7-8).

Humillarse para una persona común y corriente, es
relativamente fácil. Pero para alguien que sabe tener poder, alguien que
sabe quién es realmente, humillarse no es fácil.

José dejó de
lado su ego. Dejó de lado sus ideas infantiles sobre Dios, sobre sí
mismo, y sobre la vida. Había sido traicionado por sus medio hermanos,
por la esposa de Potifar, y sus sueños de grandeza ya no dependían de
él. Estaban en manos de Dios.

¿Qué hacer entonces?
José tenía
sus sueños dados por Dios. Tenía un legado espiritual en su familia, que
constaba de las historias de Abrahán, Isaac y Jacob. Ahora le tocaba a
él crearse su propia historia como heredero del Pacto de Dios con
Abrahán.

"Jehová estaba con él", con José. Si se hubiera vuelto
amargado, autocompasivo o cínico José, Dios no le hubiera manifestado
ese favor continuo. José hizo de su relación con Dios un motor diario.

Puede
que no nos creamos tocados por Dios a cumplir un gran destino, como
José. Pero podemos aprender de él, y afrontar el día de mañana
recordando que, después de todo, parece que los sueños sí se hacen
realidad.

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