El hombre rico y Lázaro

El hombre rico y Lázaro‏
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jesus barragan (mat.22_37@live.com)

Sent: Tue 5/25/10 9:24 AM
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El hombre rico y Lázaro


El Buen Samaritano.

El Trigo y
la Mala Hierba.

Estas son algunas de las casi 30 parábolas que
Jesús utilizó en su enseñanza.

Son herramientas de gran eficacia.
Jesús las usó, y en toda la Biblia aparecen.

¿Por qué enseñar
con parábolas?

  • Captan y retienen la atención, son muy
    atractivas
  • Ponen a pensar, son uno de los mejores ejercicios
    mentales, pues necesariamente hay que buscar el significado de una
    comparación y captar las verdades abstractas que se presentan
  • Impactan
    las emociones y, al ver la aplicación práctica de las verdades, llegan a
    la consciencia y al corazón
  • Sirven para recordar

El
propósito principal de todas las ilustraciones es enseñar. Pero
Jesucristo usó las ilustraciones con otros propósitos:

  • El
    hecho de que una persona deba profundizar para captar su significado
    completo, profundo y dirigido al corazón, es una forma de retener las
    perlas de sabiduría encerradas en la parábola, y evitar que quienes no
    lo merezcan, cuyo interés es superficial y por tanto no desean de
    corazón saber la verdad, adquieran indebidamente conocimiento. Eso
    indica que Dios no está obligado a revelar verdades profundas a quien no
    se gane el saberlas.
  • Las ilustraciones ponen de manifiesto
    la humildad de las personas. A Jesús sólo los apóstoles le pedían una
    explicación sobre el significado de las parábolas; los orgullosos
    rehusaron hacerlo. Jesús dijo: “El que tiene oídos, escuche”, y aunque
    la mayor parte de las muchedumbres que escuchaban a Jesús siguieron por
    su camino, los discípulos iban a él y le solicitaban una explicación.
  • Las
    ilustraciones ocultan las verdades a aquellos que podrían hacer mal uso
    de ellas y deseaban entrampar a otros. Los enemigos de la verdad se
    quedan con su propia interpretación. Pero a los discípulos de Jesús se
    les hacía comprender plenamente el significado de las parábolas.

Una
de las parábolas de Jesús más enigmáticas, es la del hombre rico, y
Lázaro.

"Pero cierto hombre era rico, y se ataviaba de
púrpura y lino, y gozaba de día en día con magnificencia. 20 Pero a su
puerta solían colocar a cierto mendigo, de nombre Lázaro, lleno de
úlceras 21 y deseoso de saciarse de las cosas que caían de la mesa del
rico. Sí; además, los perros venían y le lamían las úlceras. 22 Pues
bien, con el pasar del tiempo el mendigo murió, y fue llevado por los
ángeles a la posición del seno de Abrahán. ”También, el rico murió y fue
sepultado. 23 Y en el Hades él alzó los ojos, mientras existía en
tormentos, y vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en la posición del seno
con él. 24 De modo que llamó y dijo: ‘Padre Abrahán, ten misericordia de
mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y
refresque mi lengua, porque estoy en angustia en este fuego llameante’.
25 Pero Abrahán dijo: ‘Hijo, acuérdate de que recibiste de lleno tus
cosas buenas en tu vida, pero Lázaro correspondientemente las cosas
perjudiciales. Ahora, sin embargo, él tiene consuelo aquí, pero tú estás
en angustia. 26 Y además de todas estas cosas, se ha fijado una gran
sima entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieran pasar de aquí
a ustedes no pueden, ni se puede cruzar de allá a nosotros’. 27
Entonces dijo: ‘En tal caso te pido, padre, que lo envíes a la casa de
mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les dé un testimonio
cabal, a fin de que no entren ellos también en este lugar de tormento’.
29 Pero Abrahán dijo: ‘Tienen a Moisés y a los Profetas; que escuchen a
estos’. 30 Entonces él dijo: ‘No, por cierto, padre Abrahán, pero si
alguien va a ellos de entre los muertos se arrepentirán’. 31 Pero él le
dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se dejarán
persuadir si alguien se levanta de entre los muertos"".
Lucas
16:19-31

Bueno, el hombre rico vestía ropa cara y comía bien. Si
nos imaginamos esa parábola en este Siglo XXI, veríamos a este hombre
rico en una camioneta último modelo, GPS, equipada con lo último en
audio y video para carros, vestido con trajes Armani, Dolce &
Gabbana, con zapatos Christian Dior, perfumado con la última fragancia
de Tommy Hilfiger. ¿Qué comería? Por supuesto, lo más selecto en frutos
del mar, con un maridaje perfecto de vino blanco, o champaña.

Mientras
tanto, el hombre de la parábola, Lázaro estaba hambriento, cubierto de
úlceras y lo lamían los perros.

Si nos imaginamos a este Lázaro
como un hombre en este Siglo XXI, sería un hombre desempleado,
endeudadísimo, que no le queda más remedio que vivir en el transporte
público, sudado, con mal olor, con un hueco en los zapatos, y el mismo
pantalón de hace 4 años.

Obviamente la imaginación da para todo,
pero se entiende la parábola, y el contraste entre 2 hombres: uno al que
le va muy bien, y al otro le va muy mal. Recordemos que eso de estar
lleno de úlceras en la piel en tiempos de Jesús era literalmente señal
de estar marginado de la sociedad.

Volviendo a la parábola, el
hombre rico, gozaba. Disfrutaba su vida, su riqueza, su holgura de vida.
¿Y Lázaro? Pobrecito, vivía sufriendo.

"Ahora con el pasar del
tiempo murió el mendigo y fue llevado por los ángeles a la posición del
seno de Abrahán. También, murió el rico y fue sepultado. Y en el Hades
alzó los ojos, existiendo en tormentos, y vio de lejos a Abrahán y a
Lázaro en la posición del seno con él. De modo que llamó y dijo: ‘Padre
Abrahán, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta
de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy en angustia en
este fuego llameante" (Lucas 16:19-24).

Al morir ambos hombres,
el cambio es total. El rico va al Hades, atormentado. La Biblia no
enseña que los muertos estén vivos en un lugar de tormento, pero, dado
que esta es una parábola, asumimos el carácter simbólico del rico que
ahora está en el Hades. El rico está en una situación de muerto, de
estar atormentado.

Mientras que Lázaro, al morir, ha sido llevado
por los ángeles a Abrahán, y esté en una posición muy favorecida por
este "Padre Abrahán". Lázaro ya no está lleno de úlceras, hambriento,
con los perros lamiéndolo.

¿Qué representa todo esto?

Pongamos
la lupa en la condición de mendigo de Lázaro. La palabra griega
ptō·kjós, que Lucas emplea (16:20, 22) cuando Jesús hace referencia al
mendigo Lázaro, designa a alguien que se agacha y se encoge, y se
refiere al indigente, al depauperado, al menesteroso o mendigo. Este
mismo término se usa en Mateo 5:3 con respecto a los “que tienen
conciencia de su necesidad espiritual” (“los que son mendigos del
espíritu”, nota; “pobres de espíritu”, NC). Con referencia al sentido de
la palabra ptō·kjós en este versículo, la Sagrada Biblia, traducida y
anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (1985,
vol. 1, pág. 107), dice que “expresa la actitud religiosa de indigencia y
de humildad ante Dios: es pobre el que acude a Dios sin considerar
méritos propios y confía sólo en la misericordia divina para ser
salvado”. Con razón se ha dicho que la conciencia de este estado de
indigencia espiritual precede a la entrada en el Reino de los Cielos.

Así
que Lázaro representaba a las personas que en tiempo de Jesús, y este
tiempo, que son humildes ante Dios. No ante religiones o creencias
religiosas, sino ante Jehová Dios mismo. Son las personas que acuden
directamente a Dios, sin intermediarios autoerigidos.

Y el hombre
rico, representa a alguien atormentado, o grupo de personas
atormentadas. ¿Quiénes son? La palabra griega ba·sa·ní·zō, que se
traduce "tormento", significaba básicamente “probar con la piedra de
toque [bá·sa·nos]” y, por extensión, “examinar o interrogar con
tortura”. Los lexicógrafos dicen que en las Escrituras Griegas
Cristianas se usa con el sentido de vejar con dolores intensos; estar
hostigado, angustiado.

Como puede ver, Jesús no dijo nada de que
el hombre rico hubiera vivido una vida degradada que mereciera castigo
llameante; la falta del hombre era que no alimentaba a los pobres.
Además, Jesús no dijo nada en cuanto a que Lázaro hiciera cosas buenas,
cosas que claramente merecieran que él fuera al cielo.

Mientras
vivían, Lázaro y el hombre rico están en desigualdad de condiciones ante
los hombres, pero no ante Dios. ¿Y qué representó la muerte de ellos?
El hombre rico representó a los presumidos líderes religiosos que no
alimentaban espiritualmente a la gente, y Lázaro representó a la gente
común que aceptó a Jesucristo. La muerte de ellos representó un cambio
en la condición de éstos.

Este cambio o muerte respecto a la
condición anterior del hombre rico y de Lázaro aconteció cuando Jesús
alimentó en sentido espiritual a las personas que, a semejanza de
Lázaro, no habían recibido la atención debida. De modo que éstas
entraron en el favor del Abrahán Mayor, Jehová Dios. Al mismo tiempo,
los presumidos líderes religiosos ‘murieron’ respecto a tener el favor
de Dios y llegaron a sentirse atormentados por causa de las enseñanzas
de Cristo y sus seguidores. Por ejemplo, cuando Esteban los desenmascaró
públicamente, “se sintieron cortados hasta el corazón y se pusieron a
crujir los dientes […] y se pusieron las manos sobre los oídos”.
Sufrieron tormento. (Hechos 7:51-57.)

El relato añade:

"Pero
Abrahán dijo: ‘Hijo (el hombre rico), acuérdate de que recibiste de
lleno tus cosas buenas en tu vida, pero Lázaro correspondientemente las
cosas perjudiciales. Ahora, sin embargo, él tiene consuelo aquí, pero tú
estás en angustia. 26 Y además de todas estas cosas, se ha fijado una
gran sima entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieran pasar de
aquí a ustedes no pueden, ni se puede cruzar de allá a nosotros’. 27
Entonces dijo: ‘En tal caso te pido, padre, que lo envíes a la casa de
mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les dé un testimonio
cabal, a fin de que no entren ellos también en este lugar de tormento’.
29 Pero Abrahán dijo: ‘Tienen a Moisés y a los Profetas; que escuchen a
estos’. 30 Entonces él dijo: ‘No, por cierto, padre Abrahán, pero si
alguien va a ellos de entre los muertos se arrepentirán’. 31 Pero él le
dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se dejarán
persuadir si alguien se levanta de entre los muertos"".

Por
supuesto, el rico quería tener el consuelo de estar con Dios,
representado por el "Padre Abrahán". Las cosas cambiaron. Lázaro vive en
paz, consolado por Dios. Y el hombre rico vive atormentado. Pero él
recibió lo bueno de la vida, sin importarle los demás, como Lázaro, que
sufrían, en la puerta de su casa. El hombre rico nunca movió un dedo en
favor de Lázaro.

¿Quién era responsable de la situación del
hombre rico? Él mismo. Esa era la gran sima entre él y Lázaro. Lázaro no
tenía más remedio que soportar su situación miserable. Pero el hombre
rico pudo haber hecho otra cosa. Pudo haber actuado para que Lázaro, al
menos, comiera.

Si en un momento dado Dios demuestra su
descontento ante quienes se creen en posición de líderes religiosos,
¿quién es culpable?

El hombre rico en la parábola propone que
Dios levante de los muertos a Moisés, y que este vaya a convencer a
otros líderes judíos de su error. Dios, representado por el Padre
Abrahán, dice que eso no vale la pena. El sólo testimonio de la Ley y
los Profetas, y las Escrituras debería bastar.

En este tiempo,
tener la Biblia completa, y el ver los sucesos mundiales, ya les debía
haber servido de alarma a los líderes. Pero preferir ignorar estos
tiempos, no es culpa de Dios. Es Causa y efecto an acción. Lo que uno
hace o deja de hacer, no es culpa de otro, sino de uno mismo.

Así
que el cambio de circunstancias, de estar en el favor de Dios, ha sido
cuestión de qué ha hecho o no cada quien.

Por lo tanto, más bien
que enseñar que después de la muerte se atormenta a las personas en un
infierno ardiente, la historia de Jesús describe el cambio de condición
que sus enseñanzas produjeron entre personas de dos clases.

Hay
en este tiempo Lázaros y hombres ricos. Hay personas comunes y
corrientes que tienen hambre de Dios que serán favorecidas con luz y
entendimiento, y hay personas orgullosas, autosuficientes, que se creen
ya absolutamente merecedoras del favor divino. ¿Es grave eso? Sin duda,
creerse, o confiarse que se está seguro con Dios, eso fue el error del
hombre rico.

Las actitudes religiosas o piadosas no convencen a
Dios. Ni las apariencias de tener a Dios seguro. Siempre son la fe, la
humildad y el temor de Dios esenciales para tener el favor de Dios.

Para
ser como Lázaro, que en un cambio de condición, quedó bien posicionado
en luz y favor ante Dios.

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