David, un hombre conforme al corazón de Dios

David, un hombre conforme al corazón de
Dios‏
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jesus barragan (mat.22_37@live.com)

Sent: Sun 5/23/10 9:56 AM
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David, un hombre conforme al corazón de Dios


David: ¿quién fue?

Su
nombre aparece más de 1.000 veces en la Biblia.Significa "Amado" ese nombre, y es
David, el rey David. Fue soldado, hombre de estado, y rey. Valiente
luchador en el campo de batalla,supo aguantar dificultades. Este líder y
comandante audaz, que jamás se dejó intimidar, tuvo la suficiente
humildad y sabiduría para reconocer sus errores.

La primera vez
que aparece David en el registro bíblico estaba vigilando las ovejas de
su padre en un campo próximo a Belén. Samuel, enviado por Dios a la casa
de Jesé, padre de David, para elegir a uno de sus hijos como futuro
rey, había rechazado a los siete hermanos mayores de David, diciendo:
“Jehová no ha escogido a estos”. Por último, se envió a buscar a David,
que se hallaba en el campo. Cuando entró —“rubicundo, un joven de
hermosos ojos y gallarda apariencia”—, hubo en el ambiente cierta
expectativa, porque hasta entonces nadie sabía a qué había ido Samuel.
Fue entonces cuando Samuel recibió el siguiente mandato de Jehová: “¡Levántate, úngelo, porque este es!”.
De él, precisamente, Jehová dijo: “He hallado a David hijo de Jesé, un
varón agradable a mi corazón, que hará todas las cosas que yo deseo”.

David pasó años de su vida como
pastor. Esa profunda influencia le sirvió de manera positiva en el resto
de su vida. La vida al aire libre le preparó para vivir como fugitivo
cuando, más tarde, tuvo que huir de la furia de Saúl. También adquirió
destreza en lanzar piedras con la honda, desarrolló aguante y valor, así
como una buena disposición para buscar y rescatar a las ovejas que se
separaban del rebaño, no dudando en matar a un oso o a un león cuando
fue necesario.

Toda la formación que obtuvo
mientras cuidaba de las ovejas le preparó para una función más
importante: ser el líder y fundador de la nación de Israel, tal como
está escrito: “Jehová escogió a David
su siervo, y lo tomó de los apriscos del rebaño. De seguir las hembras
que amamantaban lo trajo para ser pastor sobre Jacob, su pueblo, y sobre
Israel, su herencia”
. No obstante, cuando David dejó por primera
vez las ovejas de su padre, no fue para desempeñar el poder del reino.
Primero fue músico de la corte por recomendación de un consejero de
Saúl, quien describió a David no solo como “diestro en tocar”, sino
también como “valiente y poderoso y hombre de guerra y persona que habla
con inteligencia y hombre bien formado, y Jehová está con él”.

Así que de
joven, David ya era reconocido como "hombre de guerra", y un hombre que
"habla con inteligencia".


Más
tarde, por razones que no se registran, David volvió a la casa de su
padre por un período indeterminado. En una ocasión fue a llevar
provisiones a sus hermanos que estaban en el ejército de Saúl. En aquel
momento el ejército israelita y el filisteo estaban estacionados frente a
frente, y David se indignó cuando vio y oyó a Goliat escarnecer a
Jehová. Así que preguntó: “¿Quién es este filisteo incircunciso para que
tenga que desafiar con escarnio a las líneas de batalla del Dios vivo?”
y después añadió: “Jehová, que me libró de la garra del león y de la
garra del oso, él es quien me librará de la mano de este filisteo”.

David: famoso en Israel

Vencer
a Goliat, y por consiguiente, vencer a los filisteos que eran el peor
enemigo de Israel, lanzaron a David del anonimato de pastor al
protagonismo ante los ojos de todo Israel. Colocado delante de los
hombres de guerra, se recibió a David con danzas y regocijo cuando
volvió de una expedición victoriosa contra los filisteos. Un canto
popular fue: “Saúl ha derribado sus miles, y David sus decenas de
miles”.

“Todo Israel y Judá amaban a David”, y Jonatán, el propio
hijo de Saúl, celebró con él un pacto de amor y amistad mutuos de por
vida, cuyos beneficios se extendieron a Mefibóset y Micá, el hijo y el
nieto de Jonatán respectivamente. No sólo era el favorito de Dios.
También llegó a serlo para Israel.

Popularidad.
La gente lo quería. ¿Por qué? Porque Israel vivía en guerra y
necesitaban a un guerrero. Uno joven, valeroso, audaz y que supiera
llevarlos a la guerra y traerlos victoriosos. Ese era David.


¿Y
el rey Saúl? Era un individuo limitado. Fue elegido como rey, pero
demostró ser ineficaz. No generó resultados. No unificó a la nación.
Parecían 12 tribus disgregadas sin concierto, sin un epicentro.

La
gente se dio cuenta de la diferencia abismal entre un Saúl depresivo y
un alegre y valeroso David. Esto despertó la envidia de Saúl, quien
continuó “mirando a David […] con sospecha desde aquel día en
adelante”. Por dos veces arrojó una lanza con la intención de clavar a
David en la pared mientras este tocaba el arpa como en ocasiones
anteriores, pero en ambas ocasiones Jehová lo libró. Saúl había
prometido que daría su hija a aquel que matase a Goliat, pero entonces
se mostraba reacio a dársela a David. Por fin consintió en que David se
casase con su segunda hija, con tal de que le llevase “cien prepucios de
los filisteos”, una petición irrazonable que creyó que significaría la
muerte de David. Sin embargo, el valeroso David dobló la dote: se
presentó a Saúl con doscientos prepucios, y se casó con Mical. Por lo
tanto, dos de los hijos de Saúl, movidos por amor, habían celebrado
pactos con David, y esto hizo que se acrecentase aún más el odio de
Saúl. Cuando David estaba de nuevo tocando ante Saúl, el rey procuró
clavarle en la pared por tercera vez. 

David: el fugitivo

Durante
varios años David vivió como fugitivo, sufriendo la persecución
implacable de un rey terco y malvado que estaba resuelto a matarle.
Primero David se refugió con el profeta Samuel en Ramá, pero cuando este
dejó de ser un escondite seguro, se dirigió a la ciudad filistea de
Gat, deteniéndose en el camino para ver al sumo sacerdote Ahimélec en
Nob, donde obtuvo la espada de Goliat.

Se hizo pasar por loco en
una ocasión, para salir con vida de Gat, la ciudad donde nació Goliat.
Se hizo el loco, haciendo signos de cruz en la puerta y dejando correr
la saliva por la barba. Los Salmos 34 y 56 de David se basan en esta
experiencia. Luego huyó a la cueva de Adulam, donde su familia y unos
cuatrocientos hombres desafortunados y angustiados se unieron a él.
Puede que tanto el Salmo 57 como el 142 aludan a su estancia en esta
cueva. David continuó en constante movimiento, en lo sucesivo, siempre
evadiendo a Saúl y su ejército. Algunos hermosos salmos de alabanza a
Jehová por proveer liberación milagrosa se basan en este tipo de
experiencias. (Sl 18, 59, 63, 70).

Estando en persecución, siendo
un fugitivo, la vida no es fácil. Hay noches sin dormir, interminables
días en los que no pasa nada. Mientras tanto, había que seguir adelante
con la vida. David cuidó a Nabal, un rico ganadero establecido y a quien
David y sus hombres habían mostrado bondad, quien trató con desaire e
ingratitud a David. La rápida reacción de Abigail, esposa de Nabal,
impidió que David exterminara a los varones de la casa, pero Jehová
hirió a Nabal, así que murió. Después David se casó con la viuda, de
modo que tuvo dos esposas: Ahinoam de Jezreel y Abigail de Carmelo;
durante la larga ausencia de David, Saúl había entregado a su hija Mical
a otro hombre.

David no olvidó que algún día sería rey de
Israel. Parecía que estar siendo perseguido por saúl, siendo fugitivo,
no sería posible llegar a ser rey de Israel. Pero Dios lo había elegido.
Y eso ero lo que contaba.

Por esa razón David se preparó
concienzudamente para ser rey de Israel cuando Dios así lo considerara.
David y sus hombres, que se unieron a él, hizo incursiones en las
ciudades de los enemigos de Israel, en el sur, y de ese modo aseguró los
límites de Judá y fortaleció su futura posición como rey. 

David:
Rey de Israel

Tras la muerte de Saúl, David
se dirige a Israel, donde los líderes de su tribu, Judá, le reconocen
como rey sobre su tribu en Hebrón, cuando contaba treinta años.
Is-bóset, hijo de Saúl, fue hecho rey sobre las otras tribus. Unos dos
años más tarde, Is-bóset fue asesinado, y sus agresores le llevaron su
cabeza a David esperando recibir una recompensa, pero también a ellos se
les dio muerte como había ocurrido con el presunto asesino de Saúl.
Este hecho preparó el camino para que las tribus que hasta entonces
habían apoyado al hijo de Saúl se uniesen a Judá, y, finalmente, se le
unió a David una fuerza que ascendía a 340.822 hombres y lo hicieron rey
sobre todo Israel.

Eso significa que por 7 años David gobernó en
Hebrón siete años y medio antes de trasladar la capital por dirección
de Jehová a Jerusalén, la fortaleza que les había arrebatado a los
jebuseos. Fue allí, en Sión, donde construyó la Ciudad de David, y
continuó gobernando otros treinta y tres años. David gobernó hasta los
70 años de edad, y murió.

Cuando los filisteos, enemigos de
Israel, oyeron que David era rey de todo Israel, subieron para
derrotarle. Como en el pasado, David inquirió de Jehová si debería ir
contra ellos. “Sube”, fue la respuesta, y Jehová irrumpió contra el
enemigo con una destrucción tan abrumadora que David llamó al lugar
Baal-perazim, que significa “Dueño de Rompimientos a Través” o “Dueño de
Irrupciones”. En un enfrentamiento posterior, la estrategia de Jehová
cambió y le ordenó a David que diese la vuelta alrededor y atacase a los
filisteos por detrás.

David intentó llevar el arca del
pacto a Jerusalén, pero este intento fracasó cuando Uzah tocó el Arca y
“el Dios verdadero lo derribó allí”. Unos tres meses después, y tras
cuidadosos preparativos —como, por ejemplo, el santificar tanto a los
sacerdotes como a los levitas y asegurarse de que el Arca se llevase
sobre los hombros en lugar de colocarse en un carruaje, como la primera
vez—, se llevó el Arca a Jerusalén. David, vestido de manera sencilla,
mostró su alegría y su entusiasmo en esta gran ocasión “saltando y
danzando en derredor delante de Jehová”.

David también se
preocupó de organizar y ampliar la adoración de Jehová en la nueva
ubicación del Arca, asignando porteros y músicos, y encargándose de que
hubiese “ofrendas quemadas constantemente, por la mañana y por la
tarde”.

Pensaba edificar un templo-palacio de cedro para guardar
el Arca, con el fin de reemplazar la tienda en donde se hallaba. Sin
embargo, a David no se le permitió construir la casa, pues Dios dijo:
“Sangre en gran cantidad has vertido, y grandes guerras has hecho. No
edificarás una casa a mi nombre, porque mucha sangre has vertido en la
tierra delante de mí”. Sin embargo, Jehová hizo un pacto con él,
prometiéndole que el reino permanecería en su familia para siempre, y
con relación a este pacto, le aseguró que su hijo Salomón, cuyo nombre
procede de una raíz que significa “paz”, construiría el templo.

Por
consiguiente, en conformidad con este pacto del reino, Jehová permitió
que David extendiese su dominio territorial desde el río de Egipto hasta
el Éufrates, asegurando sus límites, manteniendo la paz con el rey de
Tiro, batallando y venciendo a sus opositores en todos los flancos:
filisteos, sirios, moabitas, edomitas, amalequitas y ammonitas. Estas
victorias que Dios le concedió le hicieron un gobernante muy poderoso.
David fue consciente de que la posición que ocupaba no era suya por
conquista o herencia, sino que era por la voluntad de Jehová, quien le
había colocado en el trono de esta teocracia típica.

Hacia el
final de su vida, el rey David, ya con setenta años y confinado en su
cama, hizo que su hijo Salomón, escogido por Jehová, fuese instalado
oficialmente como rey y se sentase en el trono. David entonces aconsejó a
Salomón que anduviera en los caminos de Jehová, guardase sus estatutos y
mandamientos y que actuase con prudencia en todo. Si obraba así,
prosperaría.

David: su legado

Uno
siempre se pregunta sobre Dios muchas cosas, tratando de desvelar el
misterio que siempre hay detrás de las acciones divinas.

Se dice que David era un hombre
conforme al corazón de Dios. Pero la vida de David está muy lejos de
tener en la cabeza una aureola de "santo". Recordamos el episodio con
Bat-seba, en el que se acuesta con la mujer de otro hombre, y al
enterarse de que esta se encuentra embarazada, planea el asesinato del
marido para encubrir su error.

Entonces uno se pregunta: ¿un
hombre así es alguien "agradable al corazón de Dios"?

Si hay
alguien que sabe muy bien quién es el hombre, es Dios. Jehová nos creó a
su imagen y semejanza.

Pero estamos lejos de esa imagen y
semejanza de Dios, lejos de los cánones que dictaría la justicia divina.
Entra entonces en juego la misericordia de Dios, ese acto divino de
reconocer que somos polvo, que somos frágiles, que necesitamos ser
salvados de nuestros propios errores.

Siempre que David falló, lo
admitió. Enfrentó su verdad. Cuando el profeta Natán le encaró lo
sucedido con Bat-seba, David no culpó a la mujer ni a nadie. Se culpó a
sí mismo, asumiendo plenamente las responsabilidades por sus actos.

Seguramente
aquel día cuando David siendo un joven de alrededor de 12 años, fue
ungido como rey de Israel, su padre y sus hermanos se preguntaron si
sería posible que el más chico de la casa fuera quien gobernara a
Israel.

David fue un hombre conforme al corazón de Dios
porque amó a Dios, fue temeroso de Dios, fue obediente, agradecido,
audaz, un hombre de fe, paciente, que cuando Dios dijo un sí fue sí en
la vida de David y cuando Dios dijo no fue un no para David. Supo
esperar en Dios aún cuando eso supuso para él y su familia interminables
días y noches en los que nada pasó, pero él siguió adelante.

David
meditaba, imaginaba, visualizaba, se deleitaba en la Ley de Jehová, día
y noche. Era agradecido, tenía fe en el poder de la oración, era
humilde. Cuando tenía problemas, no esperaba a que otro le dijera qué
hacer. Buscaba la guía de Dios y actuaba.

La historia demostró que David
fue elegido por Jehová para ser rey de Israel, pero particularmente,
fueron sus actos los que demostraron que Dios no se había equivocado.
Había predicho Samuel diciéndole a Saúl que Jehová elegiría a un hombre
mejor que él. Y ciertamente David fue mejor que Saúl, que sus hermanos o
cualquier otro israelita que hubiera existido en ese tiempo. De hecho
en la historia de Israel, ningún otro rey superó a David, en fe, en
valor, y en la trascendencia histórica en el propósito de Dios.

Fueron
muchas las virtudes del rey David y sin duda pesaron más que sus
errores. La historia del rey David nos deja como legado las
posibilidades de alcanzar una completud como hombres o mujeres, por
cuanto uno esté dispuesto a asumir sus responsabilidades ante sí mismo y
ante Dios.

Tan grande fue David, que Jesucristo hereda el trono
de David su padre. El capítulo 7 del Segundo libro de Samuel narra cómo
Jehová hace un Pacto con David: un heredero de David gobernará para
siempre, y de su reino, no habrá fin, expresó después el ángel Gabriel
cuando anunció a María que estaba encinta del Hijo del Altísimo.

“Yo,
Jesús, […] soy la raíz y la prole de David”.

El legado más
grande de David, es Jesucristo.

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