Dios protege: Salmo 91

Dios protege: Salmo 91‏
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jesus barragan (mat.22_37@live.com)

Sent: Wed 4/21/10 10:56 AM
To:


Dios
protege: Salmo 91

El
Salmo
91 es uno de los salmos más conocidos. Es un salmo de protección. ¿en sí
mismo el salmo protege? No. Es Dios quien da protección.


Pero
leerlo hace que el creyente recuerde razones por las cuales puede
confiar en el poder protector de Jehová, particularmente en esos
momentos en los que la amenaza es constante.

¿Por qué confiar en la protección de Dios?
Responde el Salmo 91:

Cualquiera que more en el lugar secreto del
Altísimo

se conseguirá alojamiento bajo la mismísima
sombra del Todopoderoso.


Cualquiera…
El único requisito para disfrutar del poder
protector de Dios es estar en el lugar secreto del Altísimo: el favor de
Dios, atesorado en su corazón. Si uno está en el corazón de Dios, ¿es
posible que Dios se olvide de un@?

Ciertamente

diré a Jehová: “Tú eres mi refugio y mi plaza fuerte,
mi Dios, en quien de veras confiaré”.


El creyente confiesa que Jehová es su
refugio y
fortaleza. El Dios digno de confianza. No hay relato bíblico en el que
Dios no intervenga para salvar. Para dar fuerzas. Para socorrer. Para
consolar. Esa es la confianza, en el poder, el amor, y la gracia de
Dios, inagotables todas, en constante sintonía con nuestra vida.

¿Algo nos preocupa? Dios lo sabe. ¿No
tenemos
paz en el corazón? Dios lo sabe. Pero el creyente no tiene dudas sobre a
quién acudir en busca de refugio.


Porque
él
mismo te librará de la trampa del pajarero,

de la peste que causa adversidades.
Con sus plumas remeras obstruirá el acceso a

ti,
y debajo de sus alas te refugiarás.
Su apego a la verdad será un escudo grande y

baluarte.
No tendrás miedo de nada pavoroso de noche,
ni de la flecha que vuela de día,
ni de la peste que anda en las tinieblas,
ni de la destrucción que despoja
violentamente
al mediodía.


Múltiples son las amenazas. Los enemigos
tiendes trampas, hay 
adversidadescomo
pestes, contagiosas para enfermar el alma.

Pero Dios, cual águila, extiende sus alas,
para
cubrir con su sombra a sus hij@s. Nada que temer. A Dios, el enemigo
nunca lo toma desprevenido. Dios ya tiene el refugio listo, y la
solución a las 
dificultades.

Jehová es el Dios de la Verdad. Él no puede
mentir. Si ha prometido protección, es Su promesa bendita de ayudarnos y
protegernos la que representa nuestra protección.

¿Es que Dios elimina las amenazas? No necesariamente. Dios
no
evitó que Faraón llegase al campamento israelita frente al Mar Rojo.
Dios no impidió que los asirios llegasen a Jerusalén misma en tiempos
del Rey 
Ezequías.

Las amenazas pueden ser claras, nítidamente
evidentes, como una flecha que vuela de día. O pueden ocultarse, como si
fueran una 
atemorizante sombra en la noche. Y
pueden
presentarse circunstancias amenazantes, pero mezcladas con la luz de la
oportunidad del mediodía.

¿Qué pide Dios? No tener miedo a ninguna
amenaza. No tener pavor de nada. Dios sabe las cosas antes de que nos
percatemos de ellas. Por eso el tener valor y confianza en Dios frente a
la adversidad es el antídoto contra las diversas circunstancias y
problemas.


Mil caerán a tu lado mismo,

y diez mil a tu diestra;
a ti no se te acercará.
Solo con tus ojos seguirás mirando,
y verás la retribución misma de los
malvados.


Un@ no está sol@. Se vive rodeado de
personas
de todo tipo. Pero así uno esté sentado al lado de alguien, sea de mil a
la izquierda o diez mil a la derecha, el mal no se acerca. Pero a los
malvados, a ellos llega la retribución divina. ¿Es Dios cruel y
vengativo por volver el mal a los que pretenden hacer daño? No. Existe
el Principio de Causalidad. Lo que una persona siembra eso cosecha. Si
alguien escogió hacer mal a alguien que está en el centro del corazón de
Dios, no tendrá buen futuro.

El creyente, al perseverar, tendrá la
recompensa de ver la retribución que les viene a los malvados. No es
venganza. Es justicia divina.

Porque

tú [dijiste]: “Jehová es mi refugio”,
has hecho al Altísimo mismo tu morada;
no te acaecerá ninguna calamidad,
y ni siquiera una plaga se acercará a tu
tienda.

Porque él dará a sus propios ángeles un
mandato
acerca de ti,

para que te guarden en todos tus caminos.
Sobre sus manos te llevarán,
para que no des con tu pie contra piedra
alguna.

Sobre el león joven y la cobra pisarás;
hollarás al leoncillo crinado y a
la culebra grande.

Porque en mí él ha puesto su cariño,
yo también le proveeré escape.
Lo protegeré porque ha llegado a conocer mi
nombre.

Él me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en la angustia.
Lo libraré y lo glorificaré.
Con largura de días lo satisfaré,
y le haré ver la salvación por mí

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