Un Dios que no nos abandona

Un Dios que no nos abandona

MÁS que cualquier otra persona, Dios el Creador y Fuente de la vida conoce el valor de la vida. Fue bondad amorosa de su parte crear a otros para que también pudieran disfrutar de la vida. Su deseo es que vivamos, no solo unos cuantos años breves, sino para siempre. Con este fin él siempre está listo para prestar ayuda a la humanidad, pero especialmente a los que sinceramente acuden a él y siguen su Palabra. “Soy leal,” dice Jehová, y los adoradores fieles que han observado sus tratos con la humanidad declaran: “Solo tú eres leal.”—Jer. 3:12; Rev. 15:4.

Señalando la intensidad de la lealtad de Dios para con la humanidad, el apóstol Pablo escribe: “Porque apenas morirá alguien por un justo; en realidad, por el bueno, quizás, alguien aun se atreva a morir. Mas Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Rom. 5:7, 8) En armonía con eso, en medio de las peores circunstancias Dios está listo para ayudar a los que responden a su amor. Él nos asegura: “De ningún modo te dejaré y de ningún modo te desampararé.”—Heb. 13:5; Sal. 94:14.

El apóstol Pablo era una persona que apreciaba la lealtad de Dios, y dijo a un auditorio ateniense: “De hecho, [Dios] no está muy lejos de cada uno de nosotros.” (Hech. 17:27) Ciertamente Dios amó mucho a Pablo mismo porque Pablo no solo expresó fe en el arreglo de Dios para la vida, sino que también hizo cuanto pudo por ayudar a otros a obtener la vida. Al proceder así Pablo pasó por más y mayores pruebas que las que la mayoría de las personas han tenido que afrontar. A la congregación de Corinto relató estas pruebas, entre ellas encarcelaciones, golpizas, apedreamiento, naufragio, hambre, frío y peligro constante de parte de los enemigos. Pero dijo: “De todas ellas el Señor me libró.”—2 Tim. 3:11; 4:16, 17; 2 Cor. 11:23-27.

Es preciso que tengamos presente que, aunque deseamos seguir viviendo mientras sea posible, el que vivamos o muramos durante este presente sistema de cosas realmente no es la cuestión principal. Lo importante es mantener integridad a Dios porque él requiere lealtad de los que han llegado a conocer su lealtad. Los que son leales pueden tener absoluta confianza en que Jehová y su Hijo leal Jesucristo no los abandonarán en enfermedad, problemas de familia, desaliento y presiones, aun en las persecuciones más severas.
Jehová no abandonó al fiel Job en su terrible enfermedad. De él dice el escritor cristiano Santiago: “Ustedes han oído del aguante de Job y han visto el resultado que Jehová dio, que Jehová es muy tierno en cariño y misericordioso.” (Sant. 5:11) Los enemigos del profeta Jeremías buscaban la manera de matarlo, pero, como informó Jeremías, “Jehová estuvo conmigo como un terrible poderoso.” (Jer. 20:11; 1:8) Elías fue acosado por el inicuo rey Acab y su esposa Jezabel, pero Dios le suministró a Elías suficientes víveres, provistos por cuervos, y por una mujer hospitalaria a quien Jehová ayudó.—1 Rey. 17:2-16.

Así mismo sucede en tiempos modernos, muchos son los relatos de que Dios en su lealtad se mantiene listo para ayudar a la persona que le sirve en condiciones de penalidad, oposición y persecución. Ha resultado cierto, como declaró el salmista: “Aunque caiga, no será arrojado abajo, porque Jehová está sosteniendo su mano. Un joven era yo, también he envejecido, y sin embargo no he visto a nadie justo dejado enteramente, ni a su prole buscando pan.” (Sal. 37:24, 25) En cuanto a sí mismo y sus compañeros, el apóstol escribió: “Se nos oprime de toda manera, mas no se nos aprieta de tal modo que no podamos movernos; nos hallamos perplejos, mas no absolutamente sin salida; se nos persigue, pero no se nos deja sin ayuda; se nos derriba, pero no se nos destruye.” (2 Cor. 4:8, 9) Es cierto, algunos han muerto (como Pablo mismo murió) bajo persecución y penalidad, pero fueron sostenidos en integridad a Dios, con una resurrección asegurada.—Mat. 10:28.

¿Aprecia usted la lealtad de Jehová Dios y su Hijo, al no abandonarnos, al mantenerse listos para ayudarnos para ver que obtengamos vida? Entonces, ¿qué hay de su propia lealtad? Si es esposo, ¿sostiene usted lealmente a su esposa a todo tiempo, hablando bien de ella, manteniéndose listo para ayudarla y consolarla cuando está deprimida? (Col. 3:19) Si usted es una esposa, ¿sostiene usted igualmente a su esposo a todo tiempo, hablando bien de él, honrándolo, respetando su jefatura, no revelando asuntos íntimos de familia a otros?—Pro. 31:26; Col. 3:18.

Miembros de la familia, ¿muestran ustedes amor a todos los de su familia, incluso a los enfermos o a los de mayor edad, que podrían ser considerados como carga? Por ejemplo, a veces sucede que un miembro de mayor edad de la familia quizás padezca de senilidad. En esta condición él o ella hasta puede comenzar a acusar a otros de hurtarle posesiones, quizás se vuelva contra la persona amada más cercana, y por lo general puede hacerse ingobernable. Esto impone una prueba a la lealtad de la familia. ¿Olvidarán el amor que esta persona, quizás el padre o la madre, haya expresado durante todos los años pasados? Aunque esta situación es dificultosa, una obra de medicina dice de las personas que padecen de este mal: “Debe hacérsele entender a la familia que el comportamiento del paciente no está dirigido conscientemente a encolerizarlos.” ¿Tendría usted presente esto y se mantendría listo para ayudar al enfermo? A una testigo de Jehová cuyo esposo padecía de demencia presenil, un neurólogo le escribió: “Permítame decirle que usted es una persona extraordinariamente admirable. El sacrificio que está haciendo al cuidar a su esposo que es un individuo totalmente imposibilitado es extraordinario. Muchas personas desde hace tiempo habrían recluido a su pariente irresponsable en una institución.”

Si usted es cristiano, ¿se mantiene usted listo para ayudar a sus hermanos cristianos? ¿Qué hace cuando uno está enfermo? ¿o necesita ayuda material? ¿o necesita estímulo? ¿Y se mantiene usted lealmente al lado de sus hermanos en asociación, particularmente en las reuniones donde se considera la Palabra de Dios? ¿Está usted “con una misma alma peleando lado a lado por la fe de las buenas nuevas”? (Fili. 1:27; Mat. 25:34-36; 1 Tes. 5:14) ¿Extiende amor y hospitalidad a sus vecinos que no son de su religión? (Luc. 10:30-37) Si usted muestra esta lealtad y amor a otros, puede expresar la convicción, que Pablo expresó, de que “ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni gobiernos . . . ni poderes . . . ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor.”—Rom. 8:38, 39.

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