El diario de un perro


El diario de un perro

Escrito por: Mary jueves 22 de febrero de 2007 | Labels: actualizadoamigosanimalescampaña del mescampañascomida,concienciacrueldadperrosreportajerescatesalvarSamyStifler |
PARA LOS QUE TENGAN MASCOTAS Y LOS QUE NO, CUANDO DECIDAN
TENER UNO, PIÉNSENLO BIEN Y CUÍDENLA COMO SI FUERA PARTE DE SU FAMILIA.
NO SON UN JUGUETE.

Si tienen problemas con el video,
pueden leerlo

Esta historia
narra lo que uno de "esos perros" nos platicarían en realidad, si
pudieran hablar. Está dedicado a ellos tratando de sensibilizar a sus
dueños.
1ª semana. Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Que alegría
haber llegado a este mundo!.1er mes. Mi mamá me cuida muy bien. Es una
mamá ejemplar.
2 meses. Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy
inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Esperando que mi nueva "familia
humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho.
4 meses. He
crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa
que para mi son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan
la cola y yo les muerdo jugando.
5 meses. Hoy me regañaron. Mi ama se
molestó porque me hice "pipí" dentro de la casa; pero nunca me habían
dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara. ¡Ya no me
aguantaba!.
8 meses. Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me
siento tan seguro, tan
protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho.
Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mi solito y me doy
vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida. Nunca
me educan. Ha de estar todo bien lo que hago.
12 meses. Hoy cumplí
un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que
ellos pensaban. Que orgullosos se deben de sentirse de mí.
13 meses.
Qué mal me sentí hoy. Mi "hermanito" me quitó la pelota.Yo nunca agarro
sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy
fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me
encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a
tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que
pasa.
15 meses. Ya
nada es igual
… vivo en la azotea. Me siento muy sólo… mi
familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed.
Cuando llueve no
tengo techo que me cobije.
16 meses. Hoy me bajaron de la azotea. De
seguro mi familia me perdonó. Yo me puse tan contento que daba saltos
de gusto. Mi rabo parecía rehilete. Encima de eso, me van a llevar con
ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se
pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos
nuestro "día de campo". No comprendo porqué cerraron la puerta y se
fueron. "¡Oigan, esperen!" -ladré… se olvidan de mi. Corrí detrás del
coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que
casi me desvanecía y ellos no se detendrían: Me habían olvidado.
17
meses. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me
siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me
ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y
desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería leal
como ninguno. Pero sóolo dicen "pobre
perrito", se ha de haber perdido.
18 meses. El otro día pasé por una
escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me
acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras
"a ver quién tenía mejor tino". Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.
19
meses. Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de
mi. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente
más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña
sombra.
20 meses. Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la
calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo, estaba en un
lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la mirada de
satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme.
Ojalá me hubiera matado, pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es
terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me
arrastré hacia un poco de hierba a la ladera del camino. Llevo 10 días
bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El
dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y
parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve;
otras dicen: "No te acerques". Ya casi estoy inconsciente; pero alguna
fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo
reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía… junto a
ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento
señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de
sufrir." A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como
pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Sólo
sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en
porqué tuve que nacer si nadie me quería.
La solución no es echar un
perro a la calle, sino
educarlo. No convierta en problema una grata compañía.
* Ruth
Icazbalceta Ormond
Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el
problema de los
perros callejeros
. Contenido cedido por
ciudadmascota.com

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